- Circulo de Estudios Tercerposicionistas: Socialismo
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martes, 10 de noviembre de 2015

El Socialismo nacional

El «socialismo nacional antimarxista»

En el manifiesto de los «Grupos Nacionalistas Revolucionarios de Base», organización francesa afecta a esta corriente, que publica la agencia informativa semanal «Cahiers Européens», encontramos la definición de socialismo nacional. Escriben los nacional-revolucionarios franceses: 

«El Estado Nacionalista será, ante todo, el brazo armado de la comunidad nacional. Nosotros combatimos por un "Socialismo Nacionalista" que no es más que la expresión de nuestra oposición radical y absoluta al capitalismo bajo todas sus formas. El capitalismo no es más que el excremento insano, en el dominio económico, del liberalismo político y de la ideología sionista.» 

El Socialismo Nacionalista es la toma de conciencia de que una sociedad comunitaria es la opción económica y social indispensable del Estado Nacionalista sobre el plano político. Este socialismo concebirá la economía de la siguiente forma: 

— Asegurará el pleno desarrollo de la empresa libre. La propiedad será respetada y sostenida por el Estado Nacionalista en tanto que verdadero antídoto del capitalismo monopolista. 

—Asegurará el control por la Comunidad Nacional de todos los bienes que le han sido sustraídos y los utilizará para el desarrollo de las fuerzas productivas de la nación. 

— En las empresas se ayudará al desarrollo de grupos autónomos de productores, favoreciendo el interés de los trabajadores no sólo en los frutos de la expansión de su empresa, sino también en la posesión de los útiles mismos de trabajo. 

— El objetivo final del Socialismo Nacionalista será la puesta en pie de una comunidad social homogénea, la de todos los Trabajadores, la de todos los productores, que excluirá de su seno a los parásitos y los aprovechados.» 

Tales son las primeras ideas: se acepta la propiedad privada, se reserva el derecho de nacionalización y, por último, se manifiesta a favor del reparto de beneficios y de la propiedad de los medios de producción por la comunidad de trabajadores. Los nacional-revolucionarios no ocultan en ningún momento sus simpatías hacia el movimiento cooperativista, descubriendo en él una buena forma de practicar acupuntura inmovilizadora en algunos sectores de la economía capitalista. Incluso, algunos neo-fascistas han ido más lejos, como en Italia, en donde las fracciones nacional-revolucionarias del M.S.I. están organizando —en otoño de 1977—comunidades cooperativas agrarias a fin de poner en práctica sus esquemas comunitarios. 

Normalmente todas las sectas nacional-revolucionarias coinciden en dividir la economía en tres sectores: un primer sector que llaman de «importancia estratégica» y en el que engloban a las industrias pesadas y aquellas que por su importancia puedan ser de utilidad preeminente para la nación. Proponen nacionalizar este primer sector, así como los servicios públicos, transportes, etc. También se propone poner coto a los beneficios de la gran banca y de la alta finanza, prohibiendo los trusts y los monopolios privados, nacionalizando el servicio de crédito, etc. Un segundo sector engloba a las pequeñas empresas, industrias familiares o artesanales con pequeño número de trabajadores; éstas, naturalmente, continúan como empresas privadas ya que ni su volumen, ni su importancia estratégica aconsejan poner coto a sus actividades y, por otra parte, suponen un tributo a la propiedad privada. Por fin un tercer sector, constituido por empresas de tamaño medio, empresas de servicios, tienen dentro del esquema nacional-revolucionario, una importancia especial ya que deberán de ser gestionadas mediante un sistema cogestionario en el que participen representantes del capital privado y de los trabajadores, tendiéndose siempre a reducir el primero a la mínima expresión y a aumentar el papel de los accionistas obreros. 

En cuanto a las opciones presentadas frente al sindicalismo de las grandes formaciones obreras dependientes más o menos directamente de los partidos democráticos, los nacional-revolucionarios proponen como alternativa los sindicatos de empresa y los sindicatos por ramas de producción que posean un patrimonio propio. En esto se deberían asemejar a los gremios medievales, poco conocidos en la actualidad, que poseían medios de producción propios. Los sindicatos de empresa tienden a configurar un ambiente comunitario en el seno mismo de las fábricas. 

Extraído por CET de: "La ofensiva neo-fascista", de Ernesto Cadena.

miércoles, 13 de mayo de 2015

El socialismo

"Voy a hablar de lo que tengo sobre el corazón, salga como saliere. Advierto que no soy orador: pero a nadie mejor que a jóvenes socialistas me parece grato ofrecer esta doncellez de mi palabra. Se me ha invitado a dar una conferencia anticlerical y sobre esto tengo que hacer alguna leve observación. Vivimos en una época negativa española. Todos somos anti-algo. Cada cual parece esforzarse en delinear su fisionomía intelectual, su postura política por medio de la negación del vecino: yo soy lo contrario que mi vecino. Bien, pero esto es una pura negación: y una negación no es nada. Con decir que una cosa no es blanca nos quedamos sin saber que es la cosa. Yo soy lo contrario de mi vecino: pero mi vecino, ¿qué es? Es lo contrario que yo. Como veis, siendo anti-algo no se llega nunca a ser algo. Con marcar nuestras diferencias no logramos nada: un famoso filósofo observaba que las diferencias son sólo los límites de las cosas, no las cosas mismas. Yo creo que un hombre que fuera propietario de todas las lindes que separan unas de otras las haciendas rurales de España, no sacaría de su posesión rentas suficientes para pagarse siquiera el tabaco.

El hecho de haber aceptado tomar parte en estas conferencias es la más plena aprobación que puedo dar de su sentido. Está bien, pues, que seamos anti-clericales pero yo os hago notar que a su vez los clericales carecen de contenido positivo: los clericales son los anti-masones, los anti-socialistas, los anti-científicos, los anti-morales, los anti-demócratas, los anti-nosotros. El clericalismo, señalándonos, dice: Voilà l´ennemi. Con decir anti-clericales decimos, pues, solamente que somos enemigos de nuestros enemigos. Y esto es demasiado evidente para que con ello adelantemos mucho.

Quisiera acentuar, aun aprobando completamente, repito, el sentido de estas conferencias, que de lo que menos debemos preocuparnos es de ser anticlericales o antimonárquicos o antiburgueses: es preciso que antes trabajemos por hacernos nosotros, por enriquecer nuestro espíritu, por hacer poderosa y enérgica nuestra fisionomía. No somos sólo enemigos de nuestros enemigos: sería convertir al mundo en una negación. De esto es de lo que protesto: socialismo, la palabra más grave y noble, la palabra divina del vocabulario moral moderno, no puede significar solo una negación. Perdonad si entro en fervor excesivo, pero es que el socialismo no es para mi un vocablo aprendido, como suelen serlo los términos científicos, no es algo externo a mí y que pueda yo poner o quitar de mi espíritu. Para mí, socialismo es la palabra nueva, la palabra de comunión y de comunidad, la palabra eucarística que simboliza todas las virtudes novísimas y fecundas, todas las afirmaciones y todas las construcciones. Para mí, socialismo y humanidad son dos voces sinónimas, son dos gritos varios para una misma y suprema idea , y cuando se pronuncian con vigor y convicción, el Dios se hace carne y habita entre los hombres.

Para mí, socialismo es cultura. Y cultura es cultivo, construcción. Y cultivo, construcción, son paz. El socialismo es el constructor de la gran paz sobre la tierra. ¿Cómo no he de trabajar para que el socialismo deje de significar principalmente enemistad, negación, lucha? No, no; los socialistas no somos sólo enemigos de nuestros enemigos, no somos un principio de enemistad. Somos, antes que esto y más que esto, amigos de nuestros amigos; tenemos un ideal de ubres inagotables en torno al cual se agrupan, se aúnan comulgan, comunican y se socializan los hombres; antes que nada y más que nada , somos un principio de amistad.

Yo no sé si esto os extraña: a vosotros se os ha enseñado que la fórmula central del socialismo es la lucha de clases. Por ello yo no estoy afiliado a vuestro partido, aún siendo mi corazón hermano del vuestro. Sólo un adjetivo nos separa: vosotros, sois socialistas marxistas; yo, no soy marxista".

Con estas palabras se dirigía José Ortega y Gasset a las juventudes en una conferencia en la Casa del Partido Socialista madrileño, el 2 de Diciembre de 1909. De ellas pueden extraerse dos conclusiones importantes: la primera, que ninguna corriente de pensamiento político será fecunda si basa su ideario en la enemistad, aunque entre los objetivos de dicha corriente se incluyan cambios que se oponen totalmente al sistema que se desea cambiar. La segunda, que el socialismo es la única doctrina con el suficiente ímpetu sanador para lograr construir una sociedad más justa, que es sin duda el objetivo más noble al que se puede aspirar. La justicia ha de servir como elemento de comunión entre los hombres, y comunión significa paz; ahora bien, bajo ciertas circunstancias la única manera de encontrar la anhelada justicia exige de ciertos sacrificios. Ningún sistema se ha implantado a lo largo de los siglos sin la intervención de las armas.

Las acciones de cualquier índole, sin embargo, requieren de un principio que las mueva, la cuestión fundamental reside en saber si dicho principio justificará los medios que se utilicen para alcanzarlo.

Cada individuo se ve necesariamente afectado por las circunstancias de la nación a la que pertenece, por ello su involucración en las cuestiones de Estado mediante la política es una consecuencia lógica. Este proceso desemboca inequívocamente en el patriotismo, no en aquél del que alardean tendencias derechistas para ahondar las diferencias entre clases, sino ese al que el mismo filósofo se refería al afirmar: "el patriotismo verdadero es la crítica de la tierra de los padres y construcción de la tierra de los hijos".

domingo, 10 de mayo de 2015

La empresa para quien la trabaja, de Javier Iglesias.

Introducción

Las realizaciones y conquistas sociales del Peronismo en su primera etapa de gobierno (1946-1955), son tantas y tan importantes que, entre los propios seguidores de dicho Movimiento, es común interpretarlas como el fruto de una Revolución totalmente realizada; una especie de "Edad de Oro" de los trabajadores y del Pueblo argentino que, con algunas variaciones de detalle, puede y debe recuperarse mediante la organización y la lucha.

Paradójicamente esa versión del Peronismo como una Revolución"concluida" que hay que repetir y recuperar, no coincide en lo más mínimo con lo que pensaban aquellos que la llevaron a cabo en el pasado, ni mucho menos y en especial, con los planteamientos del mismo General Juan Domingo Perón.

Para todos ellos, la riquísima experiencia política, económica y social del periodo 1943-1955 es apenas el inicio de una transformación revolucionaria mucho más profunda y, por lo que se refiere a lo económico, el verdadero comienzo de un proceso de gradual socialización de los medios de producción.

Que ese objetivo socializante es afirmado explícitamente y desde un principio por importantes sectores del Movimiento Peronista, puede probarse con la simple lectura de los estatutos de la CGT aprobados en su Congreso Extraordinario de abril de 1950.

En su Preámbulo, después de afirmar que "la Doctrina Peronista, magistralmente expuesta por su creador, el General Juan Perón, define y sintetiza las aspiraciones fundamentales de los trabajadores argentinos y les señala la verdadera doctrina, con raíz y sentido nacional, cuya amplia y leal aplicación ha de forjar una Patria Justa, Libre y Soberana", fundamentan esa definición ideológica en el hecho de que:

"El proceso de realización tiende hacia la gradual socialización de los medios de producción y en cambio impone al proletariado el deber de participar y gravitar desde el terreno sindical para afianzar las conquistas de la Revolución Peronista, para consolidarlas en el presente y ensancharlas en el futuro". [1]

La inequívoca definición del Movimiento Obrero Argentino -calificado habitualmente por el General Perón como la "columna vertebral" del Peronismo- no es, por otra parte, una simple declaración sectorial. En ocasión tan importante como el 1º de mayo de 1952, en su alocución a los legisladores argentinos con motivo de la inauguración del 86º periodo ordinario de sesiones del Congreso Nacional, el propio Líder justicialista también afirma tajantemente:

"Así como la clase de los hombres que trabajan va substituyendo a los representantes del individualismo capitalista en el panorama político, también la clase de los hombres que trabajan va substituyendo progresivamente a las empresas individualistas, con las nuevas organizaciones de tipo cooperativo. Ello significa que los trabajadores, por la natural evolución económica de nuestro sistema, van adquiriendo progresivamente la propiedad directa de los bienes capitales de la producción, del comercio y de la industria. Este camino, por el que avanzan ya los trabajadores argentinos, tiene un largo pero fecundo recorrido y posibilitará el acceso del pueblo a la conducción de su propia economía. El viejo ideal del pueblo, en la plena posesión de sus derechos políticos, sociales y económicos, se realizará entonces, y en aquel momento la justicia social alcanzará la cumbre de sus objetivos totales y la doctrina peronista será la más bella y absoluta de las realidades". [2]

Que el Peronismo fundacional aspiraba a la total socialización de "los bienes capitales de la producción, del comercio y de la industria" resulta, pues, irrefutable, más allá del ritmo de esa socialización; ritmo que, como es natural, depende más de la cambiante relación de fuerzas nacional e internacional que de cuestiones ideológicas o esquemas teoricistas de salón.

Cuando, a partir de los propios textos peronistas, afirmamos que el Peronismo apunta hacia la socialización de los medios de producción, ¿estamos coincidiendo con la acusación del "nacionalismo" fascistizante y antiperonista según la cual el Justicialismo sería "un movimiento que sale del capitalismo y camina hacia el comunismo"? [3]

Obviamente no.

Los creadores de la Doctrina Peronista siempre recalcaron su carácter de"Tercera Posición"; sus postulados anticapitalistas pero, a la vez, diferentes de los del colectivismo totalitario y burocrático marxista.

En el discurso del 2 de mayo de 1950 es también Perón el que recalca magistralmente ese "tercerismo" económico peronista:

"Para el capitalismo la renta nacional es producto del capital y pertenece ineludiblemente a los capitalistas. El colectivismo cree que la renta nacional es producto del trabajo común y pertenece al Estado, porque el Estado es propietario total y absoluto del capital y del trabajo. La doctrina peronista sostiene que la renta del país es producto del trabajo y pertenece por lo tanto a los trabajadores que la producen." [4]

El Peronismo no confunde, por lo tanto, socialización con estatización.

Es anticapitalista pero pretende, a diferencia del marxismo, no la entrega de los medios de producción a un gigantesco Estado-Patrón dictatorial sino directamente a los propios trabajadores.

Se trata de una concepción con mucha semejanza con lo que posteriormente será conocido como "socialismo autogestionario" [5] aunque también puede considerarse emparentada a las posiciones del anarcosindicalismo y del"sindicalismo revolucionario" europeo anterior a la Segunda Guerra Mundial; algo que han destacado recientes estudios ideológicos imparciales como los de Cristián Buchruker:

"Más que del socialismo clásico, el peronismo en gestación adoptó ideas fundamentales del anarcosindicalismo hispano-francés, el cual ya tenía una tradición no despreciable en el gremialismo argentino. Se trata aquí de dos exigencias: a) el directo protagonismo político del sindicato (no por mediación del partido) sobre todo a través de la huelga general como instrumento de acción; y b) el objetivo lejano de una administración de los medios de producción por los sindicatos mismos." [6].

jueves, 26 de marzo de 2015

Nicola Bombacci: De Lenin a Mussolini, de Erik Norling

         
El 29 de abril de 1945 eran pasados por las armas los principales jerarcas fascistas a manos de los partisanos comunistas. Curiosamente entre éstos fascistas encontramos a Nicola Bombacci, el que fuera una de las máximas figuras del comunismo italiano, ni más ni menos que el fundador del Partido Comunista italiano (PCI), amigo personal de Lenin con el que estuvo en la URSS durante los años de la Revolución (en mayúscula). Apodado el “Papa Rojo” y finalmente incondicional seguidor de Mussolini, al que se unió en los últimos meses de su régimen. Su vida, ¿es la historia de una conversión o de una traición? O fue, acaso, ¿una evolución natural de un nacional bolchevique?

Un joven revolucionario

Nicola Bombacci nace en el seno de una familia católica (su padre era agricultor, antaño soldado del Estado Pontificio) de la Romagna, en la provincia de Forli, un 24 de octubre de 1879, a escasos kilómetros de Predappio, donde también nacerá cuatro años después el que sería fundador del fascismo. Es una región donde la lucha obrera se había distinguido por su dureza y un campesinado habituado a la rebelión, tierra de pasiones extremas. Por imposición paterna ingresa en el seminario pero lo abandonará al morir su progenitor. En 1903 ingresa en el anticlerical Partido Socialista (PSI) y decide estudiar para maestro para poder servir a las clases menos favorecidas en su lucha (nuevamente las similitudes con el Duce son evidentes, llegando a estudiar en la misma Escuela superior) para pronto dedicarse en cuerpo y alma a la revolución socialista. Su capacidad de trabajo y dotes de organizador le valen serle encomendada la dirección de órganos de prensa socialista, donde irá aumentando su poder en el seno del movimiento obrero, llegará a ser Secretario del Comité Central del partido y diputado, y donde conocerá a un muchacho unos años más joven: Benito Mussolini, que no olvidemos fue la promesa del socialismo italiano antes de tornarse nacional-revolucionario.

Opuesto a la línea blanda de la socialdemocracia, Bombacci fundará junto a Gramsci el Partido Comunista de Italia tras la fractura interna del PSI y viajará a principios de los años 20 a la URSS para participar en la revolución bolchevique a donde había ido ya antes como representante del partido socialista siendo captado para la causa de los soviets. Allí traba amistad con el propio Lenin que le diría en una recepción en el Kremlin aquellas famosas palabras acerca de Mussolini: “En Italia,compañeros, en Italia sólo había un socialista capaz de guiar al pueblo hacia larevolución Benito Mussolini”, y poco después el Duce encabezaría una revolución, pero la fascista.

Como líder (Antonio Gramsci era el teórico, Bombacci el organizador) del recién creado PCI, se convertirá en el auténtico “enemigo público nº 1 de la burguesía italiana que le apoda “El Papa Rojo”. Revalidará brillantemente su acta de diputado, esta vez en las listas de la nueva formación, mientras que las escuadras fascistas comenzaban a tomar las calles enfrentándose a las milicias comunistas en sangrientos combates. Bombacci se empeñará en detener la marcha hacia el poder del fascismo pero fracasará, desde las páginas de sus periódicos lanza invectivas contra el fascismo arengando a la defensa de la revolución comunista. Es una época en que los escuadristas con camisa negra cantan canciones irreverentes como “No tengo miedo de Bombacci/ ...con la barba de Bombacci haremos spazzolini (cepillos)/ para abrillantar la calva de Benito Mussolini”. Etapa en la que el comunismo se ve inmerso en numerosas tensiones internas y el propio Bombacci entra en polémica con sus compañeros de partido; uno de los puntos de fricción es precisamente la decisión entre nacionalismo e internacionalismo. Ya había mostrado antes tendencias nacionalistas, que hacían presagiar su futura línea, cuando aún estaba en el partido socialista y como consecuencia de un documento protestando contra la acción de Fiume de D’Annunzio que quería presentar el partido, Bombacci se rebeló y escribió sobre éste que era “Perfecta y profundamente revolucionario; porque D’Annunzio es revolucionario. Lo ha dicho Lenin en el Congreso de Moscú”.

El primer fascismo

En 1922 los fascistas marchan sobre la capital del Tíber; nadie puede impedir que Mussolini asuma el poder, aunque éste no será absoluto durante los primeros años del régimen. Como diputado y miembro del Comité Central del partido así como encargado de las relaciones exteriores del mismo, Bombacci viaja al extranjero con frecuencia. Está en el IV Congreso de la Internacional Comunista representando a Italia, en el Comité de acción antifascista, se entrevista con dirigentes bolcheviques rusos. Lleva ya media vida dedicada a la causa del proletariado y no está dispuesto a cejar en su empeño de llevar a la práctica su sueño socialista. Se convierte en un ferviente defensor del acercamiento de Italia a la URSS en la cámara y en la prensa comunista, seguramente hablando en nombre y por instigación de los dirigentes moscovitas, pero utilizando un discurso nacional-revolucionario que molesta en el seno del partido, que por otro lado está en plena desbandada tras la victoria fascista. Las relaciones con el revolucionario estado soviético sería una ventaja para Italia como nación, que también ve un proceso revolucionario aunque sea fascista. Inmediatamente le acusan de herético y piden que rectifique. No pueden admitir que un comunista exija, como hace Bombacci, “superar la Nación (sin) destruirla, la queremos más grande, porque queremos un gobierno de trabajadores y agricultores”, socialista y sin negar la Patria “derecho incontestable y sacro de todo hombre y de todo grupo de hombres”. Es la llamada “Tercera Vía” donde el nacionalismo revolucionario del fascismo pudiera encontrarse con el socialismo revolucionario comunista.

Bombacci es progresivamente marginado en el seno del PCI y condenado al ostracismo político, aunque no dejaría de tener contactos con algunos dirigentes rusos y la embajada rusa para la que trabajaba, además un hijo vivía en la URSS. Creía sinceramente en la revolución bolchevique y que, a diferencia de los camaradas italianos, los rusos tenían un sentido nacional de la revolución por lo que jamás renegará de su amistad hacia la URSS ni siquiera cuando se adhiera definitivamente al fascismo.

Con la expulsión definitiva del partido en 1927 Bombacci entra en una etapa que podemos calificar como los años del silencio que llegan hasta 1936 cuando lanzará su editorial y revista homónima bautizada La Verità (La Verdad) y que culminará en 1943 en una progresiva conversión hacia el fascismo. Sin embargo es demasiado fácil considerar que Bombacci simplemente se pasó con armas y bagajes al fascismo como pretenden los que le acusan de ser un “traidor”. Asistiremos a un proceso lento de acercamiento, no al fascismo sino a Mussolini y a la ala izquierdista del movimiento fascista, donde Bombacci se siente arropado y en familia, cercano a sus planteamientos revolucionarios, su corporativismo y sus leyes sociales de este fascismo del que “todo postulado es un programa del socialismo” dirá en 1928 reconociendo su identificación.

Comprobamos así como Bombacci, no es un fascista pero defiende los logros del régimen y la figura de Mussolini. No se acercó al partido fascista –jamás se adhirió al Partido Nacional Fascista- aún su amistad reconocida con Mussolini, no aceptó cargos que le pudieran ofrecer ni renegó de sus orígenes comunistas. Su independencia valía más. Sin embargo se convenció que el Estado Corporativo propuesto por el fascismo era la realización más perfecta, el socialismo llevado a la práctica, un estadio superior al comunismo. Jamás camuflaría sus ideales, en 1936 escribía en la revista La Veritá, confesando su adhesión al fascismo pero también al comunismo:

“El fascismo ha hecho una grandiosa revolución social, Mussolini y Lenin. Soviet y Estado fascista corporativo, Roma y Moscú. Mucho tuvimos que rectificar, nada de qué hacernos perdonar, pues hoy como ayer nos mueve el mismo ideal: el triunfo del trabajo”.

Mientras esto sucedía Bombacci tiene un largo intercambio epistolar con el Duce intentando influir en el antaño socialista en su política social. El máxime historiador del fascismo, Renzo de Felice, ha escrito al respecto que Bombacci tiene el mérito de haber sugerido a Mussolini más de una de las medidas adoptadas en esos años 30. En una de estas misivas, fechada en julio de 1934, propone un programa de economía autárquica (que aplicará Mussolini) que, dice Bombacci al Duce, es muestra de su “voluntad de trabajar más en aquello que ahora concierne, en el interés y por el triunfo del Estado Corporativo...”, como hace también desde las páginas de su revista donde una y otra vez batalla por una autarquía que haga de Italia un país independiente y capaz de enfrentarse a las potencias plutocráticas (entiéndase EE.UU. pero también Francia e Inglaterra). Por ello apoya decididamente la intervención en Etiopía en 1935, pero no como campaña colonial sino como preludio del enfrentamiento entre los países “proletarios” (entre los que estaría la Italia fascista) y los “Capitalistas” que irremediablemente deberá llegar, esa“revolución mundial (que) restablecerá el equilibrio mundial”. La acción italiana sería una“típica e inconfundible conquista proletaria” destinada a derrotar a las potencias“capitalistas” y cuya experiencia “deberá ser asumida... como un dato fundamental para la redención de las gentes de color, aún bajo la opresión del capitalismo más terrible”.

Contra Stalin

Entre los años 1936 y 1943, difíciles para el fascismo pues se inician los conflictos armados preludio de la derrota, Bombacci acrecienta su adhesión ideológica a Mussolini. Ya es un hombre que tiene casi sesenta años, ha visto cómo muchos de sus sueños socialistas no se han realizado, pero es un eterno idealista y no está dispuesto a abandonar la lucha por el socialismo, por “esa obra de redención económica y de elevación espiritual del proletariado italiano que los socialistas de primera hora habíamos iniciado”. Su editorial es una ruina económica, sus biógrafos han dejado constancia de las dificultades y penurias que sufre. Le habría bastado un paso oportunista e integrarse en el fascismo oficial y habría dispuesto de todas las ayudas del aparato del Estado pero no quiere perder su independencia aunque en ocasiones deba aceptar subvenciones del Ministerio de Cultura Popular.

Coincide esta etapa con una profunda reflexión de sus errores del pasado y una serie de ataques al comunismo ruso se habría vendido a las potencias capitalistas traicionando los postulados de Lenin. Así, escribe Bombacci en noviembre de 1937, las relaciones entre la URSS y los países democráticos sólo tenía una expoliación que delataría todo lo demás, “la razón es una sola, frívola, vulgar, pero real: el interés, el dinero, el negocio”por lo que podía este antaño comunista declarar abiertamente que “nosotros proclamamos con la conciencia limpia que la Rusia bolchevique de Stalin ha devenido una colonia del capitalismo masónico-hebraico-internacional...” La alusión antisemita no es nueva en Bombacci, ni en los teóricos socialistas de principios de siglo, pues no debemos olvidar que el antisemitismo moderno tuvo sus más fervientes defensores precisamente entre los doctrinarios revolucionarios de finales del siglo XIX cuando el judío encarnaba la figura del odiado capitalista. En Bombacci no encontramos un antisemitismo racialista sino social, acorde con los planteamientos mediterráneos del problema judío a diferencia del anti-judaísmo alemán o galo.

Cuando llega la segunda guerra mundial, y especialmente al estallar en el frente del Este, Bombacci participa de lleno en las campañas anticomunistas del régimen. Como dirigente comunista que ha viajado a la URSS su voz se hace oír. Ahora bien, no reniega de sus ideales, sino que profundiza en su tesis que Stalin y sus acólitos han traicionado la revolución. Escribe numerosos artículos contra Stalin, sobre las condiciones reales de vida en el llamado paraíso comunista, las medidas adoptadas por éste para destruir todos los logros del socialismo leninista. En 1943, poco antes de la caída del fascismo, concluía Bombacci resumiendo su posición en un folleto de propaganda:

“¿Cuáles de las dos revoluciones, la fascista o la bolchevique, hará época en el siglo XX y quedará en la historia como creadora de un orden nuevo de valores sociales y mundiales? ¿Cuáles de las dos revoluciones ha resuelto el problema agrario interpretando verdaderamente los deseos y aspiraciones de los campesinos y los intereses económicos y sociales de la colectividad nacional? ... ¡Roma ha vencido! ... Moscú materialista semi-bárbara, con un capitalismo totalitario de Estado-Patrono, quiere unirse a marchas forzadas (planes quinquenales), llevando a la miseria más negra a sus ciudadanos, a la industrialización existente en los países que durante el siglo XIX siguieron un proceso de régimen capitalista burgués. Moscú completa la fase capitalista. ... Roma es bien otra cosa. ... Moscú, con la reforma de Stalin, se retrata institucionalmente al nivel de cualquier Estado burgués parlamentario. Económicamente hay una diferencia sustancial, porque, mientras en los Estados burgueses el gobierno está formado por delegados de la clase capitalista, el gobierno está en manos de la burocracia bolchevique, una nueva clase que en realidad es peor que esa clase capitalista porque sin control alguno dispone del trabajo, de la producción y de la vida de los ciudadanos...”

La República Social Italiana

Cuando Mussolini es depuesto en julio de 1943 y rescatado por los alemanes unos meses después, el Partido Nacional Fascista se ha derrumbado. La estructura orgánica ha desaparecido, los mandos del partido, provenientes de las capas privilegiadas de la sociedad se han pasado en masa al gobierno de Badoglio e Italia se encuentra dividida en dos (al sur de Roma los aliados avanzan hacia el norte). Mussolini reagrupa a sus más fieles, todos ellos viejos camaradas de primera hora o jóvenes entusiastas, casi ninguno dirigente de alto rango, que aún creen en la revolución fascista y proclama la República Social Italiana. Inmediatamente el fascismo parece volver a sus orígenes revolucionarios y Nicola Bombacci se adhiere a la proclamada república y presta a Mussolini todo su apoyo. Su sueño es poder llevar a cabo la construcción de esa “República de los trabajadores” por la que tanto él como Mussolini combatiesen a principios de siglo juntos. Como Bombacci se le unen otros conocidos intelectuales de izquierda al nuevo gobierno como Carlo Silvestri (diputado socialista, después de la guerra defensor de la memoria del Duce), Edmondo Cione (filósofo socialista que será autorizado a crear un partido socialista aparte del Partido Fascista Republicano), etc.

El primer contacto con Mussolini lo tiene el 11 de octubre, hace apenas un mes de la proclamación de la RSI, y es epistolar. Bombacci le escribe a Mussolini desde Roma, una ciudad donde el fascismo se ha derrumbado estrepitosamente, los romanos han destruido todos los símbolos del anterior régimen en las calles, pero donde quedan muchos fascistas de corazón, y es ahora el momento que elige para declarar a Mussolini que está con él. No cuando todo eran parabienes y alegrías sino en los momentos difíciles como tan sólo hacen los verdaderos camaradas:

“Estoy hoy más que ayer totalmente con usted” –le confiesa Bombacci- “la vil traición del rey-Badoglio ha traído por todos lados la ruina y el deshonor de Italia pero le ha liberado de todos los compromisos pluto-monárquicos del 22. Hoy el camino está libre y a mi juicio se puede sólo recorrer al resguardo socialista. Ante todo: la victoria de las armas. Pero para asegurar la victoria debe tener la adhesión de la masa obrera. ¿Cómo? Con hechos decisivos y radicales en el sector económico-productivo y sindical... Siempre a sus órdenes con el gran afecto de treinta años ya”.

Mussolini, acosado por la situación militar pero más resuelto que nunca en llevar a cabo su revolución ahora que se ha desprendido de los lastres del pasado, autoriza que los sectores más radicales del partido asuman el poder y se inicia una etapa denominada de “Socialización” (nombre propuesto por Bombacci y aceptado por el Duce) que se traducirá en la promulgación de leyes claramente de inspiración socialista, en cuanto a la creación de sindicatos, cogestión de las empresas, distribución de beneficios, nacionalización de los sectores industriales de importancia. Todo ello resumido en los 18 puntos del primer (y único) congreso del Partido Fascista Republicano en Verona, un documento redactado por Mussolini y Bombacci conjuntamente, que debía convertirse en las bases del Estado Social Republicano. En política exterior intentará convencer a Mussolini que había que firmar la paz con la URSS y proseguir la guerra contra la plutocracia anglosajona, resucitar el eje Roma-Berlín-Moscú de los pensadores geopolíticos del nacional-bolchevismo de los años veinte, una propuesta que parece haber tenido éxito en Mussolini que escribirá varios artículos para la prensa republicana al respecto aún sabiendo que esta propuesta tenía una tenaz oposición por parte de un amplio sector del partido, en particular de Roberto Farinacci. Bombacci viaja al norte y se reinstala cerca de su amigo Walter Mocchi, otro veterano dirigente comunista convertido al fascismo mussoliniano que trabaja para el Ministerio de Cultura Popular.

Si para muchos el último Mussolini era un hombre acabado, títere de los alemanes, no deja de sorprender la adhesión que recibiera de hombres como Bombacci, un verdadero idealista, de altura imponente, con la barba crecida y una oratoria atrayente, alérgico a todo lo que pudiera significar encasillarse o aburguesarse, que tampoco ahora aceptará ni sueldo ni prebendas (sólo a principios de 1945 aparecerá su nombre en una lista de propuestas de nóminas del ministerio de Economía o como Jefe de la Confederación Única del Trabajo y de la Técnica). Bombacci se convertirá en asesor personal y confidente de Mussolini, para atraer de nuevo a las bases del partido de los trabajadores. Propone la creación de comités sindicales, abiertos a no militantes fascistas, elecciones sindicales libres, viajará a lo largo de las fábricas del industrializado norte (Milán-Turín) explicando la revolución social del nuevo régimen y el porqué de su adhesión. Parece que nuevamente el viejo combatiente revolucionario rejuvenece, tras un mitin en Verona y varias visitas a empresas socializadas escribe al Duce el 22 de diciembre de 1944: “He hablado una hora y 30 minutos en un teatro entregado y entusiasta... la platea, compuesta en la mayor parte por obreros ha vibrado gritando: Sí, queremos combatir por Italia, por la república, por la socialización... por la mañana he visitado la Mondadori, ya socializada, he hablado con los obreros que forman parte del Consejo de Gestión que he encontrado lleno de entusiasmo y comprensión de esta nuestra misión”. Mientras la situación militar se deterioraba por momentos y los grupos terroristas comunistas (los trágicamente famosos GAP) ya habían decidido eliminarle por el peligro que conllevaba su actividad para sus objetivos.

Pero la guerra está llegando a su fin. Benito Mussolini, aconsejado por el diputado ex-socialista Carlo Silvestri y Bombacci, propone entregar el poder a los socialistas, integrados en el Comité Nacional de Liberación, antes que a los dirigentes derechistas del sur. Sin embargo fracasan. En abril de 1945 las autoridades militares alemanas se rinden a los aliados, sin informar a los italianos, es el fin. Abandonados y solos.

Crepúsculo de un nacional-revolucionario

Durante los últimos meses de la RSI Bombacci continuó, incluso entonces, la campaña para recuperar a las masas populares y evitar que se decantasen por el bolchevismo. A finales de 1944 se publicaba un opúsculo titulado Esto es el Bolchevismo, reproducido en el periódico católico Crociata Italica en marzo de 1945, Bombacci insiste en las críticas hacia las desviaciones estalinistas del comunismo real que ha destruido el verdadero sindicalismo revolucionario en Europa con las injerencias rusas. Estas últimas semanas de vida de la experiencia republicana Bombacci está al lado de los que aún creen posible una solución de compromiso con el enemigo y así evitar la ruina del país. Leal hasta el final se quedará con Mussolini aún cuando todo ya definitivamente esté perdido, proféticamente habla de ello a sus obreros en una de sus últimas apariciones públicas, el 14 de marzo de 1945:

“Hermanos de fe y de lucha... yo no he renegado a mis ideales por los cuales he luchado y por los que, si Dios me concede de vivir aún más, lucharé siempre. Pero ahora me encuentro en las filas de los colores que militan en la República Social Italiana, y he venido otra vez porque ahora que sí va en serio y es verdaderamente decisivo reivindicar los derechos de los obreros...”

Nicola Bombacci, siempre fiel, siempre sereno, acompañará a Mussolini en su último y dramático viaje hasta la muerte. El 25 de abril está en Milán. El relato de Vittorio Mussolini, hijo del Duce, de su último encuentro con su padre, a quien le acompañaba Bombacci, nos muestra la entereza de éste:

“Pensé en el destino de este hombre, un verdadero apóstol del proletariado, un tiempo enemigo acérrimo del fascismo y ahora al lado de mi padre, sin ningún cargo ni prebenda, fiel a dos jefes diversos hasta la muerte. Su calma me sirvió de consuelo.”

Poco después, tras haberse Mussolini separado de la columna de sus últimos fieles para ahorrarles tener que compartir su destino, Bombacci es detenido por un grupo de partisanos comunistas junto a un grupo de jerarcas fascistas. La mañana del 28 de abril era colocado contra el paredón en Dongo, al norte del país, a su lado Barracu, un valeroso excombatiente, mutilado de guerra; Pavolini, el poeta-secretario del partido; Valerio Zerbino, un intelectual; Coppola, otro pensador. Todos gritan ante el pelotón que los asesina “¡Viva Italia!” mientras y no deja de ser una paradoja, fiel reflejo de la controvertida personalidad de Nicola Bombacci, que éste, mientras caía su cuerpo acribillado por las balas de los comunistas, gritase: “¡Viva el Socialismo!”

sábado, 10 de mayo de 2014

Palabras de Bombacci


"La socialización es altruismo. Es la dignidad del trabajo y la rectitud moral y política de los trabajadores. Si eres egoísta, eres peor que tus patrones!." 

"El capital esta al servicio del trabajo, no el trabajo al servicio del capital. 
La ganancia esta al servicio del hombre, no el hombre al servicio de la ganancia.” 

"Superar la Nación sin destruirla, la queremos más grande, porque queremos un gobierno de trabajadores y agricultores, "socialista, sin negar la Patria", derecho incontestable y sacro de todo hombre y de todo grupo de hombres." 

Nicola Bombacci.

viernes, 25 de abril de 2014

Algunas de las verdaderas causas de la II Guerra Mundial

Abolición del interés del dinero.

El economista alemán Gottfried Feder, en su obra Manifiesto para el quebrantamiento de la servidumbre del interés del dinero, dedicó un estudio específico al interés del dinero y por qué éste constituye un gran mal para un país. La tesis del préstamo a interés, afirma Feder, es “el invento diabólico del supracapitalismo”.

Sólo ella posibilita la indolente vida de zángano de una minoría de poderosos del dinero, a costa de los pueblos creadores y de su capacidad de trabajo; es ella quien ha llevado a la sociedad a vivir contrastes abismales. El quebrantamiento de la servidumbre del interés del dinero significa la restauración de la libre personalidad, la salvación del hombre de la esclavización. El capital prestamista es tan infinitamente superior frente a todo gran capital industrial (dedicado a producción), que las grandes potencias del dinero sólo pueden ser enfrentadas eficientemente mediante el quebrantamiento de la servidumbre del interés del capital prestamista.

Hjalmar Schacht (un masón y saboteador de los esfuerzos militares alemanes) fue uno de los principales encargados de alimentar al principio de los años 30, la inestabilidad que acabó haciendo caer a los sucesivos cancilleres alemanes hasta que Adolf Hitler asumió el cargo. Schacht obtuvo préstamos de los banqueros judíos Montagu, Mendelssohn, Wassermann, Warburg y de la Banca Morgan norteamericana.

Cuando Hitler afianzó el poder, y coincidiendo totalmente con Feder, rechazó las proposiciones de Schacht para que Alemania pidiera préstamos de extranjeros y le prohibió que continuara por ese camino. Le dijo que no quería que Alemania viviera de prestado; “los préstamos ataban al país; le coartaban su soberanía”.

Los créditos, además de que significan una carga de intereses, implican depender políticamente de fuerzas extrañas a la nación. Los intereses devoran la capacidad de ahorro de un pueblo.

Sustitución del “patrón-oro” por el “patrón-trabajo”.

“Hitler saludando a los obreros”

En el capitalismo financiero plutocrático, el capital produce la riqueza, pero en la economía del Tercer Reich, es el trabajo el medio que la produce.

La economía nacionalsocialista se desliga completamente del sistema monetario basado en el interés, la deuda, el dinero-fiat y el patrón-oro. Sólo se emite moneda para pagar un trabajo realizado. La moneda está respaldada por el trabajo y la riqueza real de la nación, no por cuestiones intangibles ni por recursos materiales que no existen en la práctica. La masa monetaria de un país debería ser exactamente igual a la riqueza real y tangible de dicho país. No puede ser que haya más dinero o menos dinero que bienes y servicios disponibles. Si el Estado desea crear crédito (dinero), antes debe crear riqueza.

Los beneficios producidos por las obras públicas costean su propia construcción. Por ende, las obras se pagan a sí mismas, y cada vez que se hace una obra, simplemente se crea dinero para pagar a los trabajadores y así aumenta la masa monetaria conforme al valor real de la obra. De este modo, el asunto de los impuestos sufriría una revolución total en un sistema económico nacionalsocialista: los impuestos podrían bajar muchísimo y hasta suprimirse del todo, lo cual era el objetivo final de los nacionalsocialistas.

El bien común antes que el propio.

Oswald Spengler afirmó que “Toda vida económica es la expresión de una vida psíquica… Una economía puede moldearse según el alma de una generación… La economía tiene un deber moral… Desde Adam Smith hasta Marx se utiliza un análisis eminentemente materialista… Tenemos una concepción nueva de la economía que está situada más allá del capitalismo y del marxismo.”

Por su parte Feder afirmaba: “Las finanzas deben estar al servicio de la comunidad. Los plutócratas no deben formar un Estado dentro del Estado. En el área de la política social nuestro principio debe ser: el bien general es la ley suprema.”

En plática con los obreros de la construcción, donde millones de cesantes estaban encontrando empleo, Hitler les decía: 

Yo juzgo a una economía desde el punto de vista del provecho que en la práctica proporciona al pueblo y no partiendo de una teoría. Así, si alguien nos dice: Miren, tengo una teoría económica maravillosa, debemos responderle: ¿Qué provecho se le puede sacar? Esto es lo decisivo. La teoría no debe interesar en modo alguno, nos debe interesar únicamente el provecho, pues las personas no están al servicio de la economía, sino la economía al servicio de las personas.

Adolf Hitler.

domingo, 30 de marzo de 2014

Povl H. Riis-Knudsen: Nacionalsocialismo: un Movimiento Izquierdista

Durante demasiados años ha sido extensamente aceptado que los Nacionalsocialistas son derechistas extremos-, y sólo raramente ellos han vacilado en referirse a si mismos como tales. En un cierto punto, sin embargo, se hizo la política oficial de la Unión Mundial de Nacionalsocialistas evitar el término "derechista", afirmando que el Nacionalsocialismo no encaja en el modelo de "derecha" e "izquierda" y en cambio debería ser considerado como poniéndose encima de este diferencia. Esto más que seguramente era un paso en la dirección correcta, pero en este tiempo y dentro del contexto de la lucha corriente podría ser, sin embargo, una buena idea reconsiderar la cuestión completa sobre los extremos políticos y aclarar unos puntos acerca del significado de los términos "derecha" e "izquierda" y su aplicación a la escena política de hoy.Históricamente, las palabras "derecha" e "izquierda" en referencia a opiniones políticas se originó en Francia pre-revolucionaria, donde aquellos que quisieron conservar el sistema de gobierno más o menos como era se sentaron a la derecha en la Asamblea Nacional, mientras que aquellos que quisieron más cambios radicales se sentaron a la izquierda. De ahí, el término "derecha" para los reaccionarios e "izquierda" para los revolucionarios - términos que se han hecho desde entonces universalmente conocidos y usados. Ni la palabra "reaccionario" ni la palabra "revolucionario", sin embargo, dicen algo universal sobre las opiniones particulares en cuestión.

Ellos son tanto relativos como reciben su sentido específico sólo dentro de un contexto histórico dado. Los revolucionarios de antiguos tiempos, por ejemplo, los Liberales Nacionales europeos del siglo 19, no parecen muy revolucionarios hoy ¡completamente al contrario! - tal como los reaccionarios de hoy habrían sido considerados muy revolucionarios hace 200 años. Cuando los Comunistas asumieron en Rusia en 1917 ellos hicieron de revolucionarios para derrocar un régimen ineficaz y corrupto, mientras que hoy ellos representan el establecimiento reaccionario que afronta un nuevo desafío revolucionario.

En nuestro tiempo el ala izquierda tradicional es predominantemente Marxista - hasta tal grado que el mismo término "ala izquierda" se piensa es sinónima de la palabra "Marxista". Esto, por supuesto, no tiene ninguna base en realidad. Cualquier revolucionario es un izquierdista - extremo - es sólo que los Marxistas han tenido tan poca competicion que ellos han sido capaces de asignarse el término. 

Al otro lado del espectro político tenemos al derechista, consistiendo en reaccionarios que quieren conservar la sociedad presente y la llamada civilización cristiana del Occidente con su materialismo y capitalismo. Los derechistas defienden valores patrióticos tradicionales: ellos son buenos Cristianos y buenos ciudadanos que defienden la Constitución y son leales a su país y su monarca, si ellos tienen uno. Ellos estan dispuestos a ir a la guerra en contra de cualquier otra nación para afirmar la grandeza de la suya propia - aun si esto significa emprender una guerra nuclear contra otro país Blanco si ellos piensan que el sistema de gobierno de otros amenaza su propio orden doméstico, no importa cuan corrupto y degenerado pueda ser. Ellos estan por una economía basada en la libre empresa sin restricción, sin tener en cuenta las consecuencias, pero se ofenden por la tendencia Liberal en política así como la inmigración e integración racial, porque temen cualquier cambio que podría trastornar el orden al cual ellos estan acostumbrados. 

Donde los Nacionalsocialistas deben ser encontrados en este espectro parece completamente claro: ¡somos - extremo izquierdistas - sin duda sobre ello! No queremos conservar el sistema presente o cualquier parte de eso. ¡No creemos en las fundaciones de un sistema que ha conducido a nuestra gente en la miseria del presente! No queremos apoyar cualquier institución que es responsable de dos guerras mundiales entre naciones Blancas así como innumerables guerras menores; rearme nuclear; la contaminación del ambiente; paro; la desilusión total de la gente joven, que ha perdido toda la fe en el futuro; consumo de drogas; pornografía; y todas las otras formas de degeneración completa que son mostradas hoy. 

Los Nacionalsocialistas queremos el cambio más radical de todos: ¡queremos el derrocamiento completo del Viejo Orden entero! Mientras que el Marxismo comparte una filosofía igualitaria básica con el Viejo Orden y se define como un movimiento materialista apuntando a la mera redistribución de los bienes materiales.El Nacionalsocialismo procura construir una completamente Nuevo Orden basado en el idealismo y un respeto profundo para las leyes de la Naturaleza en todos los aspectos de la vida. ¡Esta, definitivamente, es la idea más revolucionaria de este siglo - y así muy izquierdista! ¡-y esto seguramente no es Marxista! Comparado al Nacionalsocialismo, el Marxismo es solamente una idea pseudo revolucionaria, inventada por el cristianismo y sostenido por la Democracia Liberal: ¿Si toda la gente es creada igual, pues no debería toda la riqueza ser distribuida igualmente entre toda la gente? Visto en esta luz, el Marxismo es simplemente parte del Viejo Orden que queremos destruir. 

Si el Nacionalsocialismo es, en su esencia, un movimiento izquierdista, es, por supuesto, paradójico que los Nacionalsocialistas deberían haber dedicado tanto tiempo y energía a servir hacia actitudes derechistas tradicionales, mientras que ellos han rechazado todas las aperturas hacia la izquierda. ¿Es acaso maravilla que todas las tentativas de crear un movimiento Nacionalsocialista en esta base han sido completamente fracasadas? La primera condición previa para crear algo en este mundo es que uno tenga una idea clara de lo que uno quiere conseguir y como uno puede conseguirlo posiblemente. Un escultor que quiere crear una obra de arte comienza con un concepto mental, y luego intenta realizarlo en su material elegido. Él no salpica simplemente alrededor por causalidad con su cincel en un pedazo de mármol, preguntándose cual el resultado final será.Así, es crucial comprender que el Nacionalsocialismo no es sólo una forma de derechismo extremo.Cualquiera dentro de nuestras filas que todavía tiene tales nociones debería dedicarse a estudiar la idea de Nacionalsocialismo de encontrar su verdadero sentido y significado - o, si él no tiene la energía o capacidad de hacer así, él debería encontrar otra salida para sus actividades. ¡Este Movimiento no tiene espacio para aborrecedores frustrados o soñadores religiosos, sino sólo para revolucionarios Nacionalsocialista fieles! 

* * * 

Déjenos afrontarlo de una manera realista: los derechistas son sobre todo un conglomerado lamentable de gente con ideas muy confusas. Ellos comprenden que algo está equivocado. Pero rechazan dejar el Viejo Orden. En cambio se agarran a ello con toda su fuerza y desean volver a la situación como era hace 75 o 100 años, pensando que esto solucionará todos sus problemas. Ellos simplemente fallan en ver que el lío en el que estamos hoy es un resultado lógico del sistema que teníamos hace 100 años - que las bases de aquel sistema no estaban bien, ni bastante estables para salvaguardarnos del suceso presente. El padre de la mayor parte de nuestros problemas debe ser encontrado en aquella misma idea cristiana, cuya filosofía igualitaria y las enseñanzas ajenas y poco naturales han privado a nuestra gente de su alma, pero que ellos siguen elogiando como el mismo escudo contra la decadencia que ven por todo alrededor de ellos. Cuando todas sus tentativas vanas de parar el suceso fallan, ellos se hacen frustrados y se convierten en meros aborrecedores, porque no tienen ninguna verdadera visión y ninguna ideología. 

Es un hecho histórico que nada bueno ha salido alguna vez de los derechistas. Si no hubiera sido por tales revolucionarios como Copérnico, Kepler, Giordano Bruno y Galileo, todavía deberíamos creer que la Tierra es plana y el centro del universo. Cuando el capitalismo se desarrolló, el establecimiento no hizo ninguna tentativa de solucionar los problemas sociales que resultaron de la revolución industrial, sino que continuó a explotar la nueva clase obrera despiadadamente - así dando ocasión a pensamientos revolucionarios como son expresados en la ideología Marxista. Y todas las necesarias y justas mejoras sociales que hemos visto durante los 100 años pasados sólo han sido introducidas después de la dura presión del ala izquierda, con conservadores derechistas en la marcha atrás constante, lastimosamente tratando de conservar tanto como sea posible para ellos. 

Esto no significa, por supuesto, que cualquier esfuerzo para derrocar un sistema establecido sea, en sí, bueno. Si el hombre tiene éxito en la creación de un nuevo orden natural que no se fosilice, sino permanece un organismo vivo y se desarrolla dentro de los límites de la ley natural, adoptando nuevas perspicacias científicas y filosóficas en la naturaleza de la vida sin agarrarse a concepciones anticuadas, esto, en efecto, sería la ofensa más seria tratar de desarraigar aquel orden y volver a materialismo egoísta, cristianismo, o cualquier otra filosofía poco natural. 

Lo que es bueno y malo puede ser únicamente juzgado sobre la base de la ley natural - mientras más cerca a ello es mejor. 

Casi es universalmente aceptado que hay un golfo entre Nacionalsocialismo y Marxismo. Del mismo modo, sin embargo, los Nacionalsocialistas seguramente no son derechistas tampoco. El único punto en común que el Nacionalsocialismo parece tener con los derechistas es la cuestión racial. Pero aquí hay una diferencia extrema en la perspectiva. Los derechistas creen que ser Blanco sostiene un valor absoluto en sí mismo, que eleva la raza aria sobre todos los otros organismos vivos y le da un derecho de hacer con el mundo lo que ella quiera. Como Nacionalsocialistas, sin embargo, no estamos preocupados sólo por la vida y el bienestar inmediato de nuestra propia raza. Vemos la raza Blanca como una parte del orden natural completo del universo y nuestro deseo de conservarla está unido con nuestro deseo de conservar el ambiente natural entero - incluso otras razas humanas - por un respeto profundo a la sabiduría inescrutable de la Naturaleza.Sin duda, nuestra raza tiene grandes posibilidades en su capacidad intelectual, pero sus capacidades no tienen absolutamente ningún valor como tal, sin embargo, si ellas no son puestas al uso correcto de acuerdo con las leyes de la Naturaleza. Por demasiado largo tiempo hemos participado en el coro reclamando "el Poder Blanco," y no haciendo caso del hecho triste que nuestra raza ha tenido el poder absoluto durante al menos 2000 años. Y es exactamente este poder lo que ha conducido a la clase de sociedad que tenemos hoy. 

Así, no compartimos la creencia derechista en la expansión tecnológica y económica continua, que ha conducido ya a la contaminación del aire y agua y ha hecho áreas enormes del mundo incapaces a vivir dentro para todas las especies - un desarrollo que significa que la capa de ozono en la atmósfera es sistemáticamente destruida de modo que las generaciones próximas vayan a ser expuestas a la radiación que amenaza la vida, que los bosques tropicales que nos habían suministrado del oxígeno, son reducidos para hacer sitio para el crecimiento industrial, y que los desiertos son irrigados de modo que el nivel de agua subterránea se hunda en áreas fértiles, que entonces se hacen desiertos por su parte. Todo esto es el resultado del genio ario, sin el cual esto no habría existido - genio que no ha sido puesto a trabajar para construir un mundo mejor para nuestros niños y nietos, pero sólo satisfacer la avaricia humana del momento, asegurar una vida agradable ahora sin hacer caso del futuro. Esta tendencia fatal, que en los estándares de la ley natural, ha girado más que seguramente a los países Blancos industrializados del Occidente en un estado mucho más degenerado que cualquier llamada sociedad primitiva del Tercer Mundo, es violentamente apoyado por el derechista, que parece pensar que todo sería bueno si sólo los Negros, los Judíos, y la Gente de Barcazas fueran expulsados. Sabemos que en sí mismo esto no cambiaría nada en absoluto. 

Nuestro objetivo es un renacimiento espiritual completo, y es nuestro objetivo inmediato definir y construir las bases para este renacimiento - que es la única cosa que puede dar a la lucha racial cualquier sentido. Y esta lucha no debería ser entendida como una lucha contra otras razas, sino como una lucha implacable contra la decadencia de nuestra propia raza. La apelación aislada para la raza como la base de una nueva sociedad es sin sentido, a menos que podamos vencer esta decadencia y encontrar nuestro camino atrás a valores naturales. Si nuestra raza sólo podria sobrevivir dentro del contexto del sistema presente, no queremos que sobreviva, porque entonces esto representaría solamente la forma mas grosera de la degeneración antinatural. La reclamación para "el Poder Blanco" sólo puede ganar cualquier sentido si, por esto, queremos decir el deseo de reactivar el poder de la Naturaleza cuando descansa latentemente en el genio del Blanco, cuyo deber es poner este poder en uso a fin de sostener el mismo principio de la vida.Por supuesto, esto no significa que estemos a favor de cualquier clase de multiracismo. La raza es una de las piedras angulares del orden natural, y así debe ser defendida como todos los otros principios naturales. Esto seguramente no significa que el color blanco de la piel de alguien es necesariamente un sello de la calidad humana. La raza Blanca ha permitido que el mundo se deslice al borde del desastre, y a menos que pueda ser traída para comprender que la calidad de vida puede ser mejorada sustituyendo la sociedad del consumidor materialista - que es el objetivo supremo tanto del Marxismo como del Liberalismo - por valores naturales y espirituales, estará condenada y sólo será destruida con el planeta entero en el proceso de su decadencia absoluta. 

Naturalmente, los Nacionalsocialistas no pensamos que deberíamos volver a las cuevas de la Edad de Piedra; Pero pensamos que nunca deberíamos tomar más de la Naturaleza de lo que ponemos de vuelta en ella. La calidad de vida debería significarnos más que la calidad de bienes materiales.En la sociedad desilusionada de hoy, números crecientes de personas comprenden esto y, lo que es más, ellos protestan contra el orden dirigente. Ellos no se hacen Nacionalsocialistas, sin embargo, por una razón simple: ¡Ellos no son conscientes que el Nacionalsocialismo - y sólo Nacionalsocialismo! - puede solucionar los problemas cruciales de hoy. En cambio ellos permiten que sus movimientos de protesta sean asumidos por los Marxistas, que son mejores en la venta de su producto de lo que somos, a pesar de que ningún gobierno Marxista ha hecho alguna vez la tentativa más leve de abordar estas cuestiones simplemente porque el mismo concepto del Marxismo es materialista, y en ninguna razón preocupado por los valores naturales. Los Marxistas simplemente usan la insatisfacción popular hacia el establecimiento para promover el Marxismo. Los individuos insatisfechos ellos mismos no son para nada Marxistas en primer lugar.Mientras los Nacionalsocialistas corren alrededor de la tentativa de persuadir pequeños grupos marginales de derechistas tradicionales con todos sus complejos políticos y religiosos, su notoria megalomanía, y su carencia del compromiso a una causa - resultado de que estan constantemente a la defensiva tratando de salvar lo que se tiene que ir - los Marxistas consiguen un hueco para apoyar el pie entre ciudadanos afectados que renuncian al materialismo ilimitado por un interés idealista al futuro de nuestro planeta. En su mayor parte, esta gente no comprende que la preservación del orden natural pide más medidas de gran alcance que el control de la contaminación y la abolición de la energía nuclear y la bomba atómica. Ellos no ven que esto también exige la separación racial y un renacimiento espiritual general que puede conducir al Hombre atrás a las fuentes de vida. 

Ellos también pueden aprender esto, sin embargo - o mejor dicho, ellos no pueden menos que verlo - si son proveídos de la información necesaria y perspicacia y no abandonados expuestos a la influencia exclusiva de enseñanzas Marxistas estúpidas. Estas gentes son idealistas y a favor de la Naturaleza, y así ellos realmente nos pertenecen - y ellos son generalmente mucho más valiosos como luchadores que bastante jovenes desilusionados que se llaman Nacionalsocialistas en una tentativa de incrementar sus egos y esconder sus problemas personales e inseguridad detrás de unos uniformes absurdos y rangos y títulos impostores. Pero los ecologistas no son atraídos por tropas de asalto o por la propaganda de odio, todo de lo cual sólo confirma su impresión negativa del Nacionalsocialismo. Tampoco ayuda dirigirse a ellos sobre el significado de la Raza, porque ellos no han venido todavía tan lejos en su desarrollo que puedan ver la importancia de la cuestión racial. Debemos acercarnos a ellos donde ellos estan y en cuestiones que les conciernen aquí y ahora. Para hacer esto, es necesario producir un buen material sobre los problemas ambientales como es visto desde el punto de vista Nacionalsocialista, y entrar en los grupos donde esta gente se junta en protesta contra bombas nucleares, contaminación y guerra nuclear. No podemos esperar que los ecologistas vengan a nosotros, porque ellos no tienen ningún modo de saber sobre qué el Nacionalsocialismo es en total; y si dejamos de entrar en contacto con ellos, ellos serán perdidos a los Marxistas, en cuyas manos nunca van a comprender la consecuencia plena de su propia actitud. 

Estos nuevos protestantes son hostiles a nosotros simplemente debido a décadas de la propaganda enemiga, que no sólo ha enajenado a la gente sana e inteligente de cualquier clase de movimiento que abiertamente exprese ideas Nacionalsocialistas, pero que también ha tenido éxito en la atracción de un gran número de individuos a nuestro movimiento que encajan en esta imagen de propaganda del Nacionalsocialismo simplemente demasiado bien, y quienes vienen a nosotros simplemente porque ellos quieren cumplir con esta imagen. Ellos quieren ser tales bestias crueles, sanguinarias como ellos han venido a conocer de innumerables producciones de Hollywood y relatos de prensa amarilla "de los Nazis" terribles. Por demasiado largo tiempo hemos dado la bienvenida a tales psicópatas en nuestras filas y por demasiado largo tiempo hemos dejado de disociarnos de otras organizaciones que hacen lo mismo.¡Que la gente se llame Nacionalsocialista y agite la Esvástica no los hace nuestros compañeros! Muchas organizaciones todavía no comprenden esto, y mientras no lo hagan estan condenados - y, lamentablemente, nosotros también, si no tomamos cada oportunidad que se ofrece para denunciarlos en público. A menudo se decía que no deberíamos "lavar nuestra ropa sucia" delante de nuestros enemigos y que toda "la lucha interna" debería ser guardada dentro de nuestras propias paredes. Sin embargo, esta no es nuestra ropa y más que ciertamente no es "lucha interna" - esto es una operación de limpieza necesaria, y debe ser realizada en público.Nuestros peores enemigos no son los Judíos o los Comunistas, sino la misma gente que llamándose Nacionalsocialistas degradan los conceptos fundamentales de la filosofía Nacionalsocialista por su comportamiento, así confirmando la impresión deformada de nuestra Idea comunicada al público por nuestro enemigo. En efecto, no podemos sentir ninguna lealtad hacia tal gente y ninguna amistad. Al contrario, tenemos que librarnos de cualquier unión con ellos en absoluto, y salir en nuestro modo de mostrar a la gente que ellos no nos pertenecen. Sobre todo, deberíamos tomar grandes penas para hacer exactamente aquellas cosas que no son esperadas de nosotros. Se espera que nosotros abracemos aproximadamente a cualquier derechista que agita una Esvástica - y más que ciertamente no se espera que seamos encontrados en cualquier parte cerca de los izquierdistas, simplemente porque han dicho a la gente repetidas veces que somos derechistas. Por consiguiente, deberíamos mostrarles deliberadamente que ellos han sido mal informados. El efecto de sorpresa probablemente hará al menos alguna gente escuchar lo que tenemos que decir. Además, esto va a hacer a la gente pensar dos veces en lo que les dicen acerca del Nacionalsocialismo cuando ellos comprendan que han sido mentidos una vez en este asunto. 

* * * 
En esta relación, debería ser notado que no somos una asociación histórica. Muchos Nacionalsocialistas parecen pensar que vamos a reanimar a la Alemania Nacionalsocialista y trasplantarla a otras partes del mundo. ¡Este es el modo que a nuestro enemigo le gustaría hacernos lucir, pero no es así! la Alemania Nacionalsocialista representa una tentativa - ¡y un no tentativa totalmente exitosa! - para organizar una comunidad Nacionalsocialista en un tiempo dado y en un contexto histórico dado. Esto puede inspirarnos y podemos aprender de ella - pero no podemos reanimarla - tampoco deberíamos intentar alguna vez hacerlo. Esto era un experimento diseñado para tratar con un conjunto de problemas que eran de la preocupación principal a la gente alemana entonces, pero que no necesariamente son sentidos como igualmente importantes por la gente hoy.Cuando Hitler salió en su misión histórica de reorganizar Alemania hace aproximadamente 60 años, la nación alemana entera estaba de rodillas económicamente, militarmente, y políticamente. Después de la derrota en la Primera guerra mundial, Alemania no sólo perdió todas sus colonias, pero una parte enorme de su territorio europeo asentado por varios millones de alemanes que se encontraron segados de su país materno, viviendo una vida miserable como minorías en países extranjeros que sólo desearon borrarlos. Lo que fue dejado de Alemania fue totalmente desmilitarizado, y el peso de reclamaciones escandalosas para reparaciones propuestas por los conquistadores causó la inflación más horrible en la historia mundial y aplastó cualquier posibilidad de recuperación económica. 

En esta situación una pequeña minoría de inmigrantes judíos del Este despacio ganó el control de la economía trastornada, así como la vida cultural y política entera del país. Comparado a esta situación, toda la charla sobre una crisis económica presente es absurda. 

Materialmente, cualquier país del Occidente y la mayor parte de países Comunistas están lejos mejores de dinero que Alemania estaba en los años 20. Hoy esto es un asunto de vender el coche de familia y quizás moverse a un departamento más barato. En Alemania esto era simplemente una cuestion de sobrevivencia. 

* * * 

Moralmente, sin embargo, somos afrontados con una amenaza mucho más grave de lo que Hitler tuvo. Su Alemania era todavía un país bastante homogéneo, donde la mayor parte de personas compartieron un conjunto de valores comunes y normas y una creencia común en la tradición cultural de la nación. Ellos quisieron recobrar su antiguo poder - quisieron ser fuertes y respetados por otras naciones. Hitler no tuvo que decirles amar a su gente y su raza. Él podría tomarlo por concedido que ellos lo hicieron. Sus valores y normas no eran necesariamente todos de acuerdo con la filosofía Nacionalsocialista, pero ellos eran una base sana en la cual un Estado Nacionalsocialista podría ser construido sin demasiadas dificultades, y así Hitler podría concentrar su propaganda política en cosas más mundanas.Él vivía en tiempos a fondo revolucionarios, en los cuales la necesidad de trabajo y comida tuvo una importancia suprema, y él sabía que un programa que podría asegurar estas cosas le daría el apoyo de los votantes y así le permitiría ganar el poder de modo que él pudiera tratar de realizar su visión política que, por supuesto, fue mucho mas adelante que la necesidad inmediata de cosas materiales.Sin embargo, como sabemos, el Nacionalsocialismo no era la única fuerza revolucionaria en Alemania entonces. Los Comunistas tenían exactamente las mismas ventajas que Hitler: una población que pasaba hambre complaciente a intentar casi cualquier cosa para sobrevivir. Ellos también tenían la ventaja sobre Hitler que podrían señalar a la revolución acertada en Rusia. Hitler no tenía nada por el estilo con lo cual él podría relacionar su lucha. Y es significativo que él no unió su movimiento a cualquiera de las ideologías derechistas poderosas del pasado como la monarquía o las iglesias. Su acercamiento era a fondo izquierdista e igualmente opuesto al Establecimiento y el Partido Comunista. Cuando, por fin, él derrotó a los Comunistas, no era golpeándolos en el silencio, sino vaciando su apoyo tomando las mismas cuestiones que los Comunistas e indicando una mejor solución - todo de lo cual convenció al trabajador alemán que él podría ser un líder mejor y más competente de lo que Thaelmann, que era el jefe del Partido Comunista Alemán, sería. Él se dirigió a la gente sobre lo que les concernió en la lengua de su tiempo y adoptó un estilo militar, que era popular en un país lleno de ex-militares que tenían cualquier razón de sentirse traicionados por el gobierno y que eran también útiles en una situación donde usted tuvo que luchar contra las numerosas cuadrillas de asesinato Comunistas, que usaron muchísimo el mismo estilo y lengua que Hitler.Tratar de imitar el estilo de Hitler hoy sería el suicidio político. De hecho esto ha sido el final de cada grupo que lo ha intentado hasta ahora. Tampoco usted puede asumir el material de propaganda de Hitler. Pues traducirlo, reimprimirlo, o imitarlo en un contexto diferente como material de estudio todo menos histórico es ridículo. Hitler satisfacía las masas alemanas de los años 1930. Aparte de todo lo demás nosotros debemos comprender y aceptar que no hay ningún modo de ganar las masas en la situación presente. Hoy, buscamos un pequeño número de idealistas. Para encontrarlos, tenemos que girar nuestra atención a, problemas que conciernen exactamente el tipo de la gente que buscamos: ¡contaminación, la amenaza nuclear, la maldición del Capitalismo multinacional, etc., la Mayor parte de estos problemas eran desconocidos a los contemporáneos de Hitler - pero no es ninguna razón de no abordarlos! Nuestro mundo se ha hecho mucho más complicado de lo que era hace 50 años, y cualquier movimiento político que deja de tomar esto en cuenta se reduce a un fósil anacrónico.Debemos confesar que generalmente hemos tendido a hablar y escribir demasiado sobre la Alemania Nacionalsocialista. A pesar de todo lo que bueno que podamos ser capaces de mostrar que Hitler hizo para Alemania, la gente que buscamos hoy realmente no está muy interesada en lo que pasó hace 50 años. Ellos están preocupados por su propio tiempo - y el futuro.Cuando adherimos tan desesperadamente al pasado, uno de los motivos es, por supuesto, que la Alemania Nacionalsocialista es el único ejemplo del Nacionalsocialismo aplicado que el mundo ha visto alguna vez y que aquellos breves 12 años representan la única gloria y éxito que nuestro Movimiento ha tenido alguna vez. Esto es comprensible. Lo necesitamos en estos tiempos difíciles de humillación y persecución. Lo necesitamos para mostrar a nosotros que el Nacionalsocialismo una vez era victorioso - a pesar de toda la adversidad.Sin embargo, es muy peligroso cuando este respeto y admiración para el pasado, en vez de ser una inspiración productiva, se hacen una obsesión nostálgica de una era pasada, un ciego, amor por la parafernalia del NSDAP, los uniformes, los símbolos, las filas, los cortes de pelo, y hasta por el estilo lingüístico de los años 30. No el aspecto externo sino la idea inherente es lo importante, y tenemos que avanzar desde allí. Como Hitler, debemos evitar ser atrapados por la historia. En otras palabras, debemos mostrar cómo el Nacionalsocialismo puede solucionar el problema de desempleo hoy - no simplemente cómo Hitler lo solucionó en 1933. 

La idea detrás del Nacionalsocialismo supera a Hitler y al Nacionalsocialismo mismo. 

Hitler lo aplicó a un tiempo y lugar más temprano; tenemos que aplicarlo al nuestro propio. Es eterno, porque esto representa el mismo principio según el cual la Naturaleza vive y crea. Esto ha existido desde el principio del tiempo y va a existir para siempre, mientras el universo exista, no importa si la raza aria - o humanidad como tal, en realidad exista o no. El hombre ha abandonado este principio, y es nuestra tarea mostrarle que él no puede hacer asi impune, y que todos sus problemas presentes son causados por la creencia insana que el hombre está elevado encima de la Naturaleza. Al hacer así, deberíamos ser tan pocos atados con la Alemania Nacionalsocialista como los otros izquierdistas son amarrados con la Unión Soviética. 

* * * 

También deberíamos aprender mucho del modo que los otros grupos izquierdistas son organizados. Es trivial afirmar que las organizaciones Marxistas consisten en la basura humana. Esto puede ser, por supuesto, verdadero de los seguidores de algunos grupos, pero el corazón duro de las organizaciones Marxistas serias es organizado a lo largo de líneas que son de cierta calidad segura y lealtad. Los miembros son muy a menudo dizmados y se requiere que ellos pasen un cierto número de noches cada semana en formación ideológica y actividades Prácticas. 

En total, las demandas puestas a un Marxista lejos exceden cualquier cosa que nos hemos atrevido alguna vez a esperar de nuestros miembros. Esto dice algo sobre la calidad, y esto también explica por qué los Marxistas hacen tanto mejor de lo que hacemos - a pesar de que lo que ellos predican son tonterías absolutas. 

Entre Nacionalsocialistas, sin embargo, tomar posturas o adoptar métodos que son normalmente pensados ser Marxistas parece ser encarado con mucho del miedo "de ser contaminado de alguna manera" por el Marxismo. Esto nos daría un nombre malo tanto entre amigos como entre enemigos, ellos reclaman. Ahora, seguramente tenemos un nombre malo ya - para ser completamente honestos, costaria hacerse un poco peor. ¿Pero como no estamos demasiado preocupados por persuadir conservadores tradicionales, qué importa esto? ¡Si ellos no pueden decir la diferencia entre Comunismo y Nacionalsocialismo, ese es su problema, no el nuestro! En este caso, ellos muestran una carencia de inteligencia que los hace inútiles para nosotros pase lo que pase. No podemos permitir que nuestros enemigos determinen lo que es un punto de vista Nacionalsocialista y lo que no es, y seguro no podemos dejar todas las causas buenas a los Marxistas, sólo para complacer a la gente que ha resultado ser totalmente inútil a nosotros de todos modos. Hemos hecho ya esto por lejos demasiado largo tiempo - y es otra razón por qué los Marxistas han sido tan exitosos y han sido capaces de asumir segmentos enormes de nuestra cultura y vida intelectual, mientras los Nacionalsocialistas han permitido que ellos se sientan obligados a decir "sí" a OTAN, el Mercado Común europeo, la bomba, Capitalismo, "libre empresa ilimitada," etc. ¡Este es el tiempo para que eso sea cambiado! No sigamos haciendo lo que la gente ha sido conducida a esperar de nosotros. Vamos a hacer lo que Nacionalsocialismo nos enseña hacer - no lo que la gente piensa que este debería enseñarnos. 

En esta relación la verdad triste, es que muchos Nacionalsocialistas en su pensamiento tradicional han caído víctimas de la peor clase de propaganda anticomunista derechista. 

La amenaza principal contra el Hombre más que seguramente no emana de Moscú, Pekín o La Habana. No hay absolutamente ningún modo que usted pueds culpar a los Comunistas por el estado lamentable del mundo hoy - para consumo de drogas, delito, pornografía, rearme nuclear, integración racial, contaminación etcétera. ¡Es nuestro propio sistema presente de gobierno el que se debe culpar - ni Comunistas, ni Judíos! Tenemos que comprender que estos males han sido creados por nuestros propios políticos corruptos y moralmente depravados y corredores de bolsa y que, nosotros los pueblos arios del mundo, hemos permitido que ello alcance este mal. No es un gobierno extranjero, sino este sistema presente lo que es una amenaza para la existencia del planeta, y sin este sistema no habría ninguna Unión Soviética o ningún otro estado Comunista hoy. El comunismo habría sido borrado durante la Segunda Guerra Mundial si el Occidente no hubiera dado a la Unión Soviética las armas necesarias y tecnología. Incluso hoy, todos los estados Comunistas se desintegrarían inmediatamente si ellos no fueran apoyados constantemente por gobiernos Occidentales y banqueros, que ganan fortunas en el comercio con estos países - y en el prestar a ellos dinero. Los Comunistas seguramente saben esto, y tienen más que suficiente para hacer conservando Europa del Este en la línea y asegurando el régimen Comunista en Afganistán para constituir un peligro serio para el Occidente. 

De manera interesante, las mismas corporaciones multinacionales que generan ganancias enormes del comercio con el bloque Comunista, hacen otra fortuna en la producción de armas que nuestros políticos tratan de persuadirnos son necesarias para defendernos contra los Comunistas - como si usted puede defender algo destruyendo toda la vida con una guerra nuclear. Esto es, por supuesto completamente ridículo - pero este es sin embargo el sistema político y financiero tan enérgicamente apoyado por los derechistas.Sin duda sobre ello: el Comunismo sería más que seguramente una cosa muy desagradable, pero esto no sería el final del mundo. ¡La democracia liberal cristiana con la mayor probabilidad sí! Hay mucho más pureza racial en Europa del Este que en todas partes en el Occidente simplemente porque su sistema económico ineficaz no atrae la inmigración del Tercer Mundo en gran escala; y la consciencia racial de los rusos, que son la nación dominante en la Unión Soviética, definitivamente promete una mejor perspectiva para la supervivencia de la raza aria que las visiones de políticos americanos liberales y conservadores. Es verdad, por supuesto, que el Comunismo no apoya principios raciales en la teoría - pero con el Comunismo la teoría y práctica son dos cosas muy diferentes. Sin duda el materialismo ofrecido por el Occidente es más atractivo aquí y ahora, pero esta vida agradable con mayor probabilidad será seguida de un diluvio que bien podría borrar toda la vida en la Tierra. Sin embargo, con un sistema político sano en el Oeste, los estados Comunistas no podrían existir. Ellos simplemente no serían capaces de sobrevivir solos, y sus poblaciones hambrientas se rebelarían. Muchísimo la misma cosa pasaría si los Comunistas llegarían asumir el Oeste - su régimen no duraría muy mucho tiempo. 

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En este punto alguien podría aventurar a preguntar si nosotros no deberíamos abolir entonces toda la charla sobre el Nacionalsocialismo y la Esvástica y disfrazarnos como "verdaderos" izquierdistas con una nueva idea que podría ser fácilmente vendida a la gente bajo un nombre diferente. Esto, por supuesto, no es posible. Intentar tal acercamiento es subestimar a nuestros enemigos. Ellos realmente no hacen caso del nombre o el símbolo. De lo que ellos hacen caso es la idea, y usted no podría disfrazar esto más allá del reconocimiento. Nuestro enemigo siempre se opondrá a cualquier cosa que sea buena para nuestra gente, y ellos - ¡en forma legítima! - afirman que somos simplemente "Nazis". Entonces tendríamos que dedicar mucho esfuerzo a "probar" que no somos. Esto sería ridículo. 

Muchas organizaciones lo han intentado; ninguna ha tenido éxito alguna vez. 

Existe sólo el camino difícil: demostrar que el Nacionalsocialismo no es lo que la gente piensa que es y que este es el único modo de asegurar la supervivencia de la vida en este planeta. Sabemos que estamos en una posición débil, pero bastante francamente, deberíamos alegrarnos mas bien de que no tuviéramos que preocuparnos de asumir el poder aquí mismo y ahora. Simplemente no seríamos capaces de manejarlo. Este es uno de los hechos desagradables que muchos Nacional Socialistas - y la gente que se llama Nacional socialistas - parecen pasar por alto completamente. Sería de poco uso a nosotros persuadir las masas mañana, cuando no tenemos el número necesario de expertos Nacionalsocialistas para hacer un trabajo de Estado Nacionalsocialista. Necesitamos a economistas, juristas, administradores, biólogos, etc., quienes sean también Nacionalsocialistas. 

El poder nunca debe ser un objetivo en sí mismo. Queremos crear un Nuevo Orden porque queremos un mundo mejor, pero un mundo mejor no puede ser creado sólo del cielo azul. Esto requiere a mucha gente dedicada con la educación minuciosa para realizar tal tarea: y ahora mismo es más importante persuadir a varia de esta gente, que luchar por una causa perdida en las calles para impresionar a varios intolerantes y perdedores. 

Otra vez la Alemania Nacionalsocialista nos suministra por un ejemplo muy instructivo. Uno de los motivos por qué el experimento para crear un orden Nacionalsocialista justo desde el principio no podía ser completado y un nuevo Estado no podía sobrevivir la presión del mundo exterior era que Adolf Hitler tuvo que confiar en un gran número de expertos que tenían solamente desdén para el Nacionalsocialismo. Él simplemente no tenía el tiempo para entrenar y educar suficientes Nacionalsocialistas - porque él tuvo que concentrarse en ganarse la gente antes de que los Comunistas pudieran asumir. Deberíamos estar agradecidos que no tenemos ninguna tal preocupación. Nunca podríamos ganar una victoria revolucionaria en las circunstancias presentes de todos modos, asi déjenos concentrarnos en el establecimiento de una fundación sana para un futuro movimiento de masas. Sin embargo, seamos realistas. Esta, también, podría ser una batalla perdedora. No tenemos ninguna garantía que vamos alguna vez a ganar. Para ser completamente honesto, tenemos solamente una esperanza muy vaga para apoyar la creencia que podemos ganar. Sin embargo, la Naturaleza ella misma puede limpiar la humanidad de la superficie de la Tierra porque esta ha descuidado las leyes del universo. Esto puede ser lo que se espera para nosotros. ¡Nosotros Nacionalsocialistas, sin embargo, hemos decidido no aceptar tal evento sin una lucha hasta en contra de todas las predicciones! Pero no tenemos ningún deseo de ser mártires para una causa perdida - y es exactamente lo que vamos a ser si nos atenemos a los viejos caminos. 

Como un Movimiento hemos sido notablemente fracasados hasta ahora. Este es el tiempo para despertarse y reconocer el verdadero significado de nuestras ideas. Un primer paso es hacerse profesionales revolucionarios. Nosotros debemos dejar todas las actitudes derechistas medio amartilladas detrás de nosotros y comprender que somos izquierdistas. Además, deberíamos dejar de culpar a otros por nuestra miseria. ¡Hemos sido nuestros propios peores enemigos en todos aspectos, y no necesitamos ningunas cabezas de turco! Cualquier cambio que deseamos tiene que comenzar como un cambio de la actitud básica de nuestra propia gente. ¡Este es una tarea pesada - pero el pensar lo que va a pasar si no ganamos hace que valga la pena para darle un intento!