- Circulo de Estudios Tercerposicionistas: Socialismo tercerposicionista
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jueves, 26 de mayo de 2016

Contra la cooperación entre clases sociales, de Álvaro Astray.


Debido a la falta de formación doctrinal, en amplios sectores de la “Tercera Posición”, se ha defendido la cooperación entre clases como forma de organizar la economía. Este objetivo choca frontalmente con la economía propuesta por varias de estas ideologías, como el nacional-sindicalismo o el fascismo. Con la excusa de la cooperación o armonización de las clases sociales, se ofrece la victoria a la clase dominante, es decir, a la burguesía capitalista. No se puede someter a toda la clase trabajadora con la excusa del patriotismo, esto no es más que hacerle el juego a la derecha.

La lucha de clases es un hecho, aunque no se debe aceptar que esta sea el motor de la Historia. Mientras en mejor situación se encuentre la clase dominante, en peor situación se encontrará la clase dominada, aunque esto por sí solo no haya sido lo que haya movido el mundo, detrás hay muchos más factores –más o menos importantes- complementarios. Admitir esto no te convierte en marxista. Simplemente hay que reconocer la gran labor de Karl Marx en su análisis de del capitalismo, como ya dijo en su día José Antonio Primo de Rivera (1), pero no coincidimos con él en las soluciones que da frente al sistema imperante.

Si bien es cierto que durante el Ventennio fascista no se alcanzó el socialismo al adoptarse como sistema el Corporativismo – donde existía una cierta cooperación entre clases-, el propio Benito Mussolini decía en la temprana fecha de 1933 que “el Corporativismo es un punto de partida, no de llegada”. 

Tras la traición de julio de 1943 de Pietro Badoglio y los monárquicos a Mussolini y al fascismo obrero, este se ve liberado de todos sus pactos con la burguesía en los que se apoyó para conseguir el Poder. Los fascistas volvieron a entonar el viejo canto de “¡Abajo Badoglio!” (2) y recuperaron el programa revolucionario de 1919. El secretario histórico del Partido Comunista de Italia, Palmiro Togliatti, ya reconoció el carácter revolucionario del fascismo de primera hora y buscó una alianza con los fascistas primigenios al escribir:“Nosotros, comunistas, adoptamos el programa fascista de 1919, programa de paz, de libertad y de defensa de los intereses obreros. Camisas Negras y Veteranos del África, llamamos a ustedes para unirnos en este programa. Proclamamos que estamos listos para combatir a su lado, Fascistas de la Vieja Guardia y Juventud Fascista, para realizar el programa fascista de 1919” (3).

Parte del programa del 1919 era: “la promulgación de una ley de Estado que sancione la jornada legal de ocho horas de trabajo para todos los trabajadores; el salario mínimo; la participación de representantes de los trabajadores en el funcionamiento técnico de la industria; y la administración de las industrias y servicios públicos por las mismas organizaciones proletarias”

En 1943, Mussolini y sus fieles, los representantes del fascismo proletario y auténtico (cabe destacar al excomunista Nicola Bombacci o a Alessandro Pavolini), proclaman la República Social Italiana. Es aquí cuando surge el experimento económico del fascismo anticapitalista: la Socialización. Bajo esta forma económica “La gestión de la empresa, ya sea del Estado o de la propiedad privada, queda socializada. En ella toma parte directa el trabajo”. Es decir, los productores, incluyendo aquí tanto a los trabajadores como al empresario entendido como gestor y trabajador, no como un capitalista, son los que deciden sobre el rumbo de la empresa, y la plusvalía es entregada los trabajadores, no al empresario capitalista. 

Alessandro Pavolini confesaría a su amante, la actriz y diva Doris Duranti lo siguiente: “el Fascismo en el que creo…no existe todavía, (…) el otro día Mussolini ha dicho una cosa que a muchos no ha gustado, pero a mí sí. Ha dicho que la cartilla de racionamiento no será abolida ni siquiera tras la victoria, así los Agnelli y los Donegani, comerán como sus obreros. Producir con la inteligencia o con las manos es lo mismo, quien no produzca, no tendrá sitio en la Italia que estamos construyendo”.

El propio Mussolini ya avisó en Milán poco antes de morir de la inutilidad e inconveniencia de pactar con la burguesía: “(…) nuestro ideal es el Estado de Trabajo. En este caso no puede haber duda: nosotros somos la clase trabajadora en lucha por la vida y la muerte, contra el capitalismo. Somos los revolucionarios en busca de un nuevo orden. Si esto es así, invocar ayuda de la burguesía agitando el peligro rojo es un absurdo. El espantapájaros auténtico, el verdadero peligro, la amenaza contra la que se lucha sin parar, viene de la derecha. No nos interesa en nada tener a la burguesía capitalista como aliada contra la amenaza del peligro rojo, incluso en el mejor de los casos ésta sería una aliada infiel, que está tratando de hacer que nosotros sirvamos a sus fines, como lo ha hecho más de una vez con cierto éxito (…)”(4). Es decir, en estas fechas, Mussolini rechaza cualquier pasado interclasista que pudiera haber tenido.

En el nacional-sindicalismo encontramos otra solución frente a la economía capitalista. En lugar de la socialización, la sindicalización de la economía. En el nacional-sindicalismo, son los trabajadores de la empresa organizados a través del sindicato correspondiente, encuadrados en las diversas ramas productivas. En el sindicato se encuadrarían todos los productores. Como leemos en el artículo “La empresa nacional-sindicalista” de Fernando Roldán: “La capitalización de la empresa se realizará a través de la aportación de los trabajadores y de la parte de la plusvalía destinada a tal fin. Los trabajadores no sólo poseerán los medios de producción y la plusvalía; también podrán votar y elegir al congreso de administración, aprobar o rechazar balances y demás cuestiones relacionadas con la gestión de la empresa, todo ello sin dejar de lado sus obligaciones como trabajador.” (5) Jorge Garrido San Román afirma que la plusvalía va directa al Sindicato, que se encarga de su gestión, pero que no toda la plusvalía se repartiría entre los productores directamente, puesto que esto podría producir una gran inflación. Parte de la plusvalía se reinvertiría en bienes y servicios para los trabajadores.

Hemos analizado solo superficialmente las propuestas de nacional-sindicalismo y fascismo frente al trabajo asalariado y el capitalismo. En ambas podemos ver que no se busca la cooperación entre clases, sino la creación de solo una clase, los productores. Esto no significa que, como dicen falsamente los liberales, todos los productores reciban la misma cantidad de dinero por su trabajo.

NOTAS:

(1) Conferencia del Círculo de la Unión Mercantil (Madrid, 9-4-1935)
(2) Pietro Badoglio fue un militar monárquico italiano, primeramente contrario al fascismo, pero que participó en la política del Ventennio. Finalmente traiciona a Mussolini para rendirse a los Aliados.
(3) Palmiro Togliatti, secretario del Partido Comunista Italiano, Manifiesto por la salvación de Italia y la reconciliación del pueblo italiano, "Lo Stato Operario", nº 8, 1936.
(4) Milán, 22 de abril de 1945
(5) La empresa nacional-sindicalista, por Fernando Roldán

martes, 10 de noviembre de 2015

El Socialismo nacional

El «socialismo nacional antimarxista»

En el manifiesto de los «Grupos Nacionalistas Revolucionarios de Base», organización francesa afecta a esta corriente, que publica la agencia informativa semanal «Cahiers Européens», encontramos la definición de socialismo nacional. Escriben los nacional-revolucionarios franceses: 

«El Estado Nacionalista será, ante todo, el brazo armado de la comunidad nacional. Nosotros combatimos por un "Socialismo Nacionalista" que no es más que la expresión de nuestra oposición radical y absoluta al capitalismo bajo todas sus formas. El capitalismo no es más que el excremento insano, en el dominio económico, del liberalismo político y de la ideología sionista.» 

El Socialismo Nacionalista es la toma de conciencia de que una sociedad comunitaria es la opción económica y social indispensable del Estado Nacionalista sobre el plano político. Este socialismo concebirá la economía de la siguiente forma: 

— Asegurará el pleno desarrollo de la empresa libre. La propiedad será respetada y sostenida por el Estado Nacionalista en tanto que verdadero antídoto del capitalismo monopolista. 

—Asegurará el control por la Comunidad Nacional de todos los bienes que le han sido sustraídos y los utilizará para el desarrollo de las fuerzas productivas de la nación. 

— En las empresas se ayudará al desarrollo de grupos autónomos de productores, favoreciendo el interés de los trabajadores no sólo en los frutos de la expansión de su empresa, sino también en la posesión de los útiles mismos de trabajo. 

— El objetivo final del Socialismo Nacionalista será la puesta en pie de una comunidad social homogénea, la de todos los Trabajadores, la de todos los productores, que excluirá de su seno a los parásitos y los aprovechados.» 

Tales son las primeras ideas: se acepta la propiedad privada, se reserva el derecho de nacionalización y, por último, se manifiesta a favor del reparto de beneficios y de la propiedad de los medios de producción por la comunidad de trabajadores. Los nacional-revolucionarios no ocultan en ningún momento sus simpatías hacia el movimiento cooperativista, descubriendo en él una buena forma de practicar acupuntura inmovilizadora en algunos sectores de la economía capitalista. Incluso, algunos neo-fascistas han ido más lejos, como en Italia, en donde las fracciones nacional-revolucionarias del M.S.I. están organizando —en otoño de 1977—comunidades cooperativas agrarias a fin de poner en práctica sus esquemas comunitarios. 

Normalmente todas las sectas nacional-revolucionarias coinciden en dividir la economía en tres sectores: un primer sector que llaman de «importancia estratégica» y en el que engloban a las industrias pesadas y aquellas que por su importancia puedan ser de utilidad preeminente para la nación. Proponen nacionalizar este primer sector, así como los servicios públicos, transportes, etc. También se propone poner coto a los beneficios de la gran banca y de la alta finanza, prohibiendo los trusts y los monopolios privados, nacionalizando el servicio de crédito, etc. Un segundo sector engloba a las pequeñas empresas, industrias familiares o artesanales con pequeño número de trabajadores; éstas, naturalmente, continúan como empresas privadas ya que ni su volumen, ni su importancia estratégica aconsejan poner coto a sus actividades y, por otra parte, suponen un tributo a la propiedad privada. Por fin un tercer sector, constituido por empresas de tamaño medio, empresas de servicios, tienen dentro del esquema nacional-revolucionario, una importancia especial ya que deberán de ser gestionadas mediante un sistema cogestionario en el que participen representantes del capital privado y de los trabajadores, tendiéndose siempre a reducir el primero a la mínima expresión y a aumentar el papel de los accionistas obreros. 

En cuanto a las opciones presentadas frente al sindicalismo de las grandes formaciones obreras dependientes más o menos directamente de los partidos democráticos, los nacional-revolucionarios proponen como alternativa los sindicatos de empresa y los sindicatos por ramas de producción que posean un patrimonio propio. En esto se deberían asemejar a los gremios medievales, poco conocidos en la actualidad, que poseían medios de producción propios. Los sindicatos de empresa tienden a configurar un ambiente comunitario en el seno mismo de las fábricas. 

Extraído por CET de: "La ofensiva neo-fascista", de Ernesto Cadena.

domingo, 23 de marzo de 2014

El Socialismo Nacional Revolucionario

Para poder definir nuestro Socialismo es imprescindible conocer y definir que es el Socialismo. Numerosos historiadores, ideólogos, políticos y opinadores varios han tratado de definirlo, sobre todo desde el marxismo: fue el alemán Engels quién explicó que el socialismo es un modelo de relación humana rastreable miles de años atrás, esencia misma de la condición de nuestra especie. Hace no mucho el presidente Chavez explicaba en televisión (Ver) que en su tierra el socialismo existía incluso en las sociedades protohistóricas, precolombinas y actualmente indígenas.

¿Qué es el socialismo genérico?

Llamo socialismo genérico al socialismo común y de mismo principio, aquel en el que concuerdan todas las familias socialistas y todas las disidencias. Es decir, la esencia misma del un movimiento amplio que fue, a su vez, inspirador de grandes ideologías, corrientes y políticas que cambiarían el mundo. Se trata de definir con claridad, exactitud y precisión la naturaleza socialista.

Según la politología moderna, el socialismo es "un sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales, y la distribución de los bienes".

Un sistema es un conjunto de reglas, principios, órganos y voluntades estructuradas y relacionadas para una función u objetivo superior. Y es, extrayendo la esencia de la función superior, la única manera de definir simple y genéricamente el socialismo.

Si se analizan los distintos movimientos socialistas se observará que es un primer género generador. El socialismo ha existido en distintas fases, épocas, territorios y naciones… Es decir no es unívoco, sino análogo. Esto significa que se aplica a realidades distintas con sentidos diferentes, sin perjuicio de las conexiones existentes entre ellas. El socialismo, como género plotiniano, carece de unidad sustancialista. Es y ha sido diversas corrientes políticas, algunas de ellas incompatibles entre sí, que han seguido sus cursos evolutivos a partir del "primer género generador".

El motor principal del socialismo genérico se podría definir como una Idea funcional para la consecución de la Justicia Social.

El socialismo genérico es universalista, como respuesta global y atemporal incompatible con los particularismos de cualquier tipo. Esto no es óbice -es una obviedad pero es preciso aclararlo- para que las soluciones socialistas puedan y deban adaptarse a las formas, estructuras e idiosincrasias temporales, territoriales y nacionales, siempre y cuando no caigan en el egoísmo -o particularismo- sino en un solidarismo superior a la adaptación estructural y esencial.

Clases de socialismos.

En el Marxismo sólo existen principalmente dos tipos de socialismo: el socialismo utópico como análisis centrado en la realidad cercana, sin estudio profundo y concreto del desarrollo histórico capitalista, cuya función era la mejora de las condiciones de los trabajadores por medio del convencimiento, transformando la sociedad en base a sus convicciones y buena voluntad tanto social como religiosa; y el socialismo científico, basado en el materialismo histórico como análisis científico de la sociedad, historia y economía, más práctico y realizable según los teóricos marxistas.

Para la "Izquierda Política", la izquierda socialista se define respecto al Estado 1: distinguen entre las generaciones de las izquierdas definidas y las corrientes de las izquierdas indefinidas. La primera generación de las izquierdas definidas corresponde a la izquierda radical (la izquierda revolucionaria francesa). La segunda, a la izquierda liberal. La tercera, a la izquierda libertaria. La cuarta, a la izquierda socialdemócrata. La quinta, a la izquierda comunista. Y la sexta, a la izquierda asiática (la vinculada al maoísmo). Con respecto a las corrientes de las izquierdas indefinidas, podemos distinguir entre la izquierda extravagante, la izquierda divagante y la izquierda fundamentalista.

La politología oficial ha simplificado la categorización del socialismo en: Árabe, Autogestionario, Científico, Cristiano, Democrático, Ecologista, Libertario, De mercado y del siglo XXI principalmente.

¿Qué socialismos han creado el movimiento NacionalRevolucionario?

La utilización del verbo crear en vez del verbo influir es importante y precisa: los movimientos nacionalrevolucionarios nacen de los socialismos existentes, no como ruptura 
sino como superación vanguardista de estos, sin dejar de ser radicalmente socialistas.

Sindicalismo Revolucionario. 
2

El sindicalismo revolucionario nace como linea rupturista con el socialismo en forma de
partido político, que por entonces era un socialismo democrático, pactista y parlamentarista. Crece imponiendo una voluntad de estructuración propia en base al sindicato, verdadera organización obrera revolucionaria y único cuerpo orgánico capaz de encauzar los cambios sociales necesarios de los trabajadores. La carta de Amiens supone el primer pilar sindicalista autónomo, una vez rota la vía política propiamente dicha. Su máxima, la de la I internacional: "la liberación de los trabajadores será hecha por los trabajadores mismos o no será."

El pensamiento de Sorel, uno de los principales ideólogos del sindicalismo revolucionario, era antiracionalista, y rechazaba las teorías marxistas del materialismo histórico, el materialismo dialéctico y el internacionalismo. Fuertemente influido por el voluntarimo de Nietzsche, las tácticas de Le Bon y o el anticartesianismo de Bergson, sirvió de base esencial e ideológica para el nacional sindicalismo de Ramiro Ledesma Ramos o el sorelismo protofascista italiano. 3

Bolcheviquismo

Diferenciado del bolchevismo teórico, el bolcheviquismo práctico y real alejado del materialismo histórico marxista y materializado en el leninismo y el stalinismo versátil influyó en ideólogos como el alemán Eltzbacher, padre del nacionalbolchevismo o bolchevismo a secas. Según Dugin, no ha existido jamás un bolchevismo no nacional 4. Así mismo el leninismo influyó decisivamente en Thiriart y su organización Joven Europa, iniciando el camino del nacional-comunitarismo como evolución lógica del comunismo nacional.

El bolchevismo tuvo una importante influencia en el pensamiento strasserista y en general en el socialismo Bündisch revolucionario, cuyo cuerpo disidente (y represaliado) giraba en torno a la comunidad del pueblo (Volksgemeinschaft) como socialismo nacional y nacionalizador de la economía.

Fueron, en definitiva, las corrientes revolucionarias y de vanguardia obrera las constituyentes del socialismo del que se nutrieron los movimientos NR (o pre-NR) en Europa. Mientras en el norte el comunismo anti-marxista y nacional -bolchevique- sentaba las bases, en el sur eran los movimientos sindicalistas, empapados de voluntarismo y de heroicidad patria.

Un socialismo revolucionario y nacional.

No pretendo explayarme en la protohistoria del movimiento NR, ni siquiera en los grupos que influyen directamente en la meta-política Nacionalrevolucionaria (algunos de ellos han sido citados). Tampoco trato de asentar los puntos doctrinales de lo NR, sino mostrar como nuestra corriente se ha constituido en base a elementos ideológicos socialistas ya existentes cuyas influencias son elementales para nuestra definición y posicionamiento de hoy.

El alma misma de lo NR es nutrirse de lo socialista, superándolo a través de una filosofía de voluntad y vanguardia. Es decir, no cabe en lo Nacionalrevolucionario lo historicista, ni lo regresivo o utópico: debe ser siempre actual. La definición de un socialismo de vanguardia cuyos análisis sean actuales y cuyas recetas sean acertadas conformará la doctrina renovadora de lo puramente NR.

El socialismo de lo NR se conforma y estructura en base a las comunidades populares, las patrias. Es un mensaje universal: el de la liberación de los pueblos. Este universalismo es anti-globalizador, puesto que su mensaje se materializa y se nutre de la personalidad, realidad e idiosincrasia de cada pueblo, en solidaridad para con los demás en una misma lucha anti-mundialista.

Es revolucionario porque pretende la transformación profunda y radical de la sociedad, la economía, los pueblos y el espíritu de las gentes. La historiografía habla de tres tipos de revolución: la política , la social y la económica 5. Nuestra revolución será total o no será.

Patria, como comunidad popular, Socialismo y Revolución son tres gritos inseparables. Aquel que pretenda hacer un NR distinto (normalmente la infiltración niega el socialismo, ridiculiza lo revolucionario y chauviniza lo patriótico) a estos tres pilares, estará -es mi opinión- negándola esencia propiamente nacionalrevoluciona ria y, por lo tanto, construyendo "otra cosa".

D. M. Urioste

Notas:

(1) Enciclopedia Libre de Filosofía Symploké. Gustavo Bueno, "El Mito de la Izquierda".

(2) De obligada lectura: Gustavo Morales: "Sorel y el sindicalismo nacional" [CEE]


(4) Just Bolshevism, Alexander Dugin 

(5) Según los historiográficos: 

Político: La Revolución Francesa como sustitución de la monarquía absoluta existente hasta 1789, para reemplazarla por un sistema político con características radicalmente opuestas, lo que permitió hablar de un Antiguo Régimen y un Nuevo Régimen. 

Social: La sustitución como clase dominante del estamento privilegiado (formado por nobleza y clero) por la burguesía, con el cambio de relaciones, comportamientos, actitudes y valores sociales que se identifican con una u otra; permite hablar de una nueva sociedad de clases.

Económica: La Revolución Industrial tiene un carácter esencialmente económico, la transformació n respecto de la época precedente (la preindustrial) con el uso de nuevas técnicas, fuentes de energía, invención de maquinarias, innovadores medios de transporte, aumento de la capacidad productiva con la sustitución de los talleres artesanales por las fábricas, etc.