- Circulo de Estudios Tercerposicionistas: Fascismo
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miércoles, 4 de mayo de 2016

El fascismo de izquierdas

1. Sorprendentes coincidencias

El fascismo histórico albergaba en sus filas a antiguos militantes de extrema izquierda; el mismo Mussolini había sido un antiguo líder socialista y varios de los más directos colaboradores de Hitler militaron en el K D.P. o en la socialdemocracia. Es típico oír relatos de la época de conquista del poder por los nazis cuando después de cada mitin algunos comunistas rompían su carnet y se afiliaban al N.S.D.A.P. También es típico el caso de la huelga general de transportes en Berlín organizada en común por el doctor Goebbels mano a mano con Walter Ulbricht. Antiguos comunistas en las españolas J.O.N.S.; Jacques Doriot, líder de la Internacional comunista, alcalde de Saint Denis y fundador del Partido Popular Francés, la muestra más elaborada del fascismo galo; incluso en la misma Francia, Pierre Clementi fundó un llamado Partido Nacional Comunista Francés y los nazis chilenos, una vez fracasado su intento de tomar el poder por la vía armada, concluyen un pacto con socialistas y comunistas incluyéndose dentro de un Frente Popular; en fin, miembros de la extrema-derecha francesa y del neo-fascismo italiano compartieron las barricadas de la calle Gay-Lussac unos y defendieron las mismas Facultades otros, junto a sus tradicionales enemigos los anarco-maoístas durante los estallidos revolucionarios de mayo del 68. Todos estos casos y otros muchos que podríamos citar casi hasta el infinito nos muestran un hecho a primera vista sorprendente: el de la insospechada comunicabilidad entre extrema-derecha y extrema-izquierda. Los datos históricos incontrovertibles están ahí. No se trata ni de enmascaramientos, ni de provocaciones de unos contra otros, sino de, en la mayoría de los casos, románticas colaboraciones e interrelaciones entre gentes sumidas en universos semejantes.

En efecto, podemos extremar nuestro análisis, llevarlo desde el marco psicológico hasta el puramente historicista e ideológico, para advertir que el tipo humano que milita en movimientos extremistas de ambos bandos es radicalmente parecido, manteniendo, al mismo tiempo, una radical diferencia y trabajando encuadrado en unas coordenadas ideológicas absolutamente opuestas en su fondo, pero similares en su planteamiento a nivel de práctica política; su ética, en ambos casos, es muy parecida.

Podríamos recordar simplemente un hecho cuya comprobación tenemos al alcance de la mano: preguntad a cualquier extremista de derechas hispano hacia qué organización política mantiene más simpatías, después de la suya por supuesto; un 90 %, quizá más, contestarán que por la CNT anarcosindicalista. De la misma forma que cualquier ex-combatiente del bando nacional hablará de los cenetistas como de los mejores combatientes republicanos aun cuando no hay duda de que eran ellos los que protagonizaron los máximos episodios de violencia antifascista. Incluso se da el hecho de que parte de los cuadros catalanes actuales de la CNT proceden curiosamente de Falange Española, concretamente de la «Guardia de Franco».

Concretemos, pues, estas dos tesis:

1.° Los militantes de extrema-izquierda y los neo-fascistas poseen una psicología común a ambos.

2.° Ciertos rasgos y planteamientos ideológicos y estratégicos son muy similares tanto en uno como en otro bando.

Más todavía, estas dos características tienden a acentuarse cuando se trata del neo-fascismo y de la Nueva Izquierda contestataria. Enunciadas las tesis se trata ahora de presentar las argumentaciones adecuadas para demostrarlas suficientemente. Vamos a por ello.

2. La común «lucha contra el sistema»

Un neo-fascista integral que se precie hablará siempre de combatir al «Sistema», no a uno u otro tipo de Estado, no a una u otra concepción particular del mundo o de la economía, ni a esta o aquella tesis cultural, sino ante todo y sobre todo «al Sistema» entendido éste como el conjunto de infraestructuras y superestructuras que componen la totalidad de caracteres de una sociedad. Se trata, pues, de una lucha integral que debe darse, no solamente sobre el plano político, con un cambio estructural, ni tampoco sobre el terreno cultural exclusivamente o en el de la enseñanza, sino que debe ser un cambio íntegro; sustituir, en definitiva, un sistema por otro, un estilo de vida por otro: de un orden viejo a un orden nuevo.

Asimismo, un anarquista hablará casi exclusivamente de revolución social, pero el concepto que él tiene de ella engloba dentro de sí a un cambio en la mentalidad de las colectividades, una revolución cultural, una nueva ordenación de las relaciones producción-consumo, etc., de tal forma que preguntar a un anarquista si está «contra el Sistema» es esperar ya de antemano una afir-mación. Similar característica podemos encontrar también en un maoísta y en ciertas sectas trotskystas.

Sólo existe una diferencia que ya Mussolini anotó en uno de sus primeros discursos cuando le quedaba un cierto resabio de sus glorias socialistas: «Tanto vosotros como nosotros estamos contra el gran capital y la explotación, contra la demagogia y los partidos burgueses, por un Estado fuerte, pero vosotros llegáis a él por la vía de la lucha de clases, nosotros por la comprensión del fenómeno de la Patria». Esta cita, retórica como todas las de Mussolini, da a entender muchas cosas, la más importante sin duda que las izquierdas radicales combaten al Sistema en nombre de la «revolución proletaria» y la lucha de clases, mientras que los extremistas de derecha lo hacen enarbolando la bandera de la Patria, de la Tradición y del Orden Nuevo en tanto en cuanto que ese Sistema ha barrido la noción de Tradición tal y como ellos la entienden, ha transformado la Patria en una noción muerta y como consecuencia de esto no existe un Orden, sino un caos.

Extraído por CET de: "La ofensiva neo-fascista". 

lunes, 3 de agosto de 2015

Futurismo y Fascismo, de Ernesto Milá.


Existe una total unanimidad en reconocer al futurismo un carácter “revolucionario” aunque no esté claro exactamente qué se quiere afirmar con ello. Para unos, el futurismo sería “revolucionario” en la medida en que rompería con los esquemas de expresión artísticas vigentes hasta ese momento y, en este sentido sería una de las vanguardias aparecidas en las primeras décadas del siglo XX. El futurismo fue, en efecto, una corriente artística pero, como posteriormente ocurrió con el surrealismo, sus miembros participaron políticamente y a diferencia de esta corriente mayoritariamente ganada por el marxismo, los futuristas –especialmente sus máximos exponentes- se identificaron con el fascismo.

El camino hacía el futurismo

Para otros, “lo revolucionario”, en el futurismo serían todas aquellas connotaciones destructivas y provocativas que se incluyeron en sus manifiestos. Así pues, el futurismo sería “revolucionario” porque exaltaría la violencia, la máquina, el desenfreno tecnológico y la guerra. Hay en el futurismo un evidente “signo de los tiempos” que remite a tres influencias perfectamente identificadas, de un lado la filosofía de Nietzsche en interpretación libre, de otro una reacción neorromántica que en lugar de tender hacia el medievalismo, como fue usual en esta corriente decimonónica se orientó hacia una especie de culto al progreso, el maquinismo y la velocidad; y, finalmente un estilo de vida exaltado libre y aventurero que conducía directamente a excesos.

El movimiento arranca oficialmente con la publicación del Manifiesto Futurista de 1909 y se transforma en partido político en las últimas semanas de la I Guerra Mundial. El propio fundador del movimiento, Filippo Tommaso Marinetti será uno de los “sansepolcristas” que participaron en la reunión de la plaza del San Sepolcro el 23 de marzo de 1919 en donde se fundaron los Fasci di Combattimento[1]. Cuando eso ocurría, el movimiento futurista hacía seis meses que había cristalizado en la formación del efímero Partido Político Futurista[2]. Sin embargo, cuando los Fasci resultan derrotados en las elecciones de 1919, Marinetti pareció desinteresarse de la vida partidaria y retornó a sus experiencias artísticas denotando cierto desencanto por la política. A pesar de la brevedad en el tiempo de la existencia del Partido Futurista, lo incuestionable es que lo esencial de sus representantes confluyó con el fascismo[3] constituyendo otro de sus componentes originarios.

El caldo de cultivo futurista

En el clima cultural italiano de principios de siglo apareció lo que se ha llamado una “reacción antipositivista” de la mano de Benedetto Croce[4] que fue asumida por los redactores del periódico de Giovanni Papini y Prezzolini, La Voce[5], de orientación nacionalista. A través de esta revista fueron conocidos en Italia algunos pensadores franceses de carácter revolucionario que lograron interesar a intelectuales italianos. Uno de ellos fue Alfredo Oriani.

Oriani, novelista de poco éxito fallecido en 1907, escribió algunos ensayos políticos en los que tocó temas propios de los nacionalistas hasta el punto de ser considerado como uno de sus precursores, Mussolini lo premió prorrogando su obra completa durante el Ventennio. Oriani considera que el Risorgimento había sido una “revolución inacabada” y lo consideraba como una excrecencia de la burguesía italiana de la que la mayoría de la población había estado completamente ausente. Apelaba a que “el pueblo” continuara la tarea iniciada por Mazzini y Garibaldi. Mussolini quien recogió el guante. Oriani concebía esta continuación del Risorgimento como una tarea heroica, violenta, liberadora y radical que prefigura algunos de los elementos que veinte años después serán habituales en la literatura futurista.

Otros poetas como Gabriele D´Annunzio y Giovanni Pascoli transitaron por la misma senda. Pascoli, aun sosteniendo un “socialismo nacional”, se adhirió al nacionalismo italiano mientras que D´Annunzio asumió pronto en su poesía las ideas de quienes añoraban una “Italia Imperial”. Fue él quien rescató el viejo lema de las ciudades hanseáticas que luego inspiraría un famoso artículo de Mussolini[6]: “Navigare necesse est, Vivere non est necesse”.

D´Annunzio se había ubicado a finales del XIX en el nacionalismo y en el imperialismo que alternaba con poesías inflamadas (especialmente durante la guerra de Libia en 1910-12), lances de amor más o menos escandalosos y gestas militares heroicas[7]. La experiencia bélica radicalizo sus convicciones nacionalistas y la cesión de Fiume a Yugoslavia pactada en la Conferencia de París de 1919, fue mucho más de lo que estaba dispuesto a soportar pasando a la acción y ocupando la ciudad. D´Annunzio no fue futurista, pero su comportamiento si influyó decididamente en el movimiento fundado por Marinetti[8] y especialmente sus “gestos” fueron recogidos por los futuristas que los revalidaron e incorporaron a su poesía y a sus manifiestos.

Algunos autores han destacado que D´Annunzio prodigaba gestos escénicos, dramáticos y espectaculares de los que luego Mussolini usó y abusó: “El culto a D´Annunzio fue el anunciador innegable del culto de que Mussolini intentaría rodearse”[9].

Sobre estas bases, a las que debe unirse por supuesto la eclosión de las vanguardias de principios del siglo XX[10] nacería el futurismo que, en honor a la verdad, sería “primeria vanguardia italiana del novecento”.

Filippo Tommaso Marinetti

La biografía litería de Marinetti no fue en absoluto brillante, sino más bien discreta hasta la aparición de los llamados manifiestos futuristas a partir de 1908. Tales documentos, siempre exaltados, paradójicos, sorprendentes y extremadamente radicales y violentes le valdrán el ser llamado “la cafeína de Europa”[11]. El primer manifiesto futurista fue publicado en el diario francés Le Figaro el 20 de febrero de 1909 firmado por Giovanni Papini, Aldo Palazzeschi, Corrado Govoni, “Luciano Folgore” (Omero Vecchi) y el propio Marinetti. El manifiesto incluía algunas intuiciones geniales:

“(…) Un inmenso orgullo henchía nuestros pechos, pues nos sentíamos los únicos, en esa hora, que estaban despiertos y erguidos como faros soberbios y como centinelas avanzados, frente al ejército de las estrellas enemigas que nos observaban desde sus celestes campamentos. Solos con los fogoneros que se agitan ante los hornos infernales de los grandes barcos, solos con los negro fantasmas que hurgan en las panzas candentes de las locomotoras lanzadas en la loca carrera, solos con los borrachos trastabilleantes con un inseguro batir de alas a lo largo de los muros.

De repente nos sobresaltamos al oír el ruido formidable de los enormes tranvías de dos pisos, que pasaban brincando, resplandecientes de luces multicolores, como los pueblos en fiesta que el Po desbordado sacude y desarraiga de repente para arrastrarlos hasta el mar sobre las cascadas y a través de los remolinos de un diluvio. (…)

¨¡Vamos!-dije yo-. ¡Vamos, amigos! Finalmente, la mitología y el ideal místico han sido superados. Estamos a punto de asistir al nacimiento del Centauro y pronto veremos volar a los primeros Ángeles!... ¡Habrá que sacudir las puertas de la vida para probar sus goznes y sus cerrojos!... ¡Partamos! ¡He aquí, sobre la tierra, la primerísima aurora! ¡No hay nada que iguale el esplendor de la roja espada del sol que brilla por primera vez en nuestras tinieblas milenarias!¨.

Nos acercamos a las tres fieras resoplantes para palpar amorosamente sus tórridos pechos. Yo me recosté en mi automóvil como un cadáver en el ataúd, pero en seguida resucité bajo el volante, hoja de guillotina que amenazaba mi estómago.

La furibunda escoba de la locura nos arrancó de nosotros mismos y nos lanzó a través de las calles, escarpadas y profundas como lechos de torrentes. Aquí y allá, una lámpara enferma tras los cristales de una ventana nos enseñaba a despreciar la falaz matemática de nuestros ojos perecederos.

(…) Y nosotros, como jóvenes leones, seguíamos a la Muerte de pelaje negro y manchado de pálidas cruces que corría por el vasto cielo violáceo, vivo y palpitante.

Y, sin embargo, no teníamos una Amante ideal que irguiera hasta las nubes su sublime figura ni una Reina cruel a la que ofrendar nuestros despojos, retorcidos a guisa de anillos bizantinos. Nada para querer morir, sino el deseo de liberarnos finalmente de nuestro valor demasiado pesado. (…)

Entonces, con el rostro cubierto del buen fango de los talleres empaste de escorias metálicas, de sudores inútiles, de bollines celestes-, nosotros, contusos y con los brazos vendados, dictamos nuestras primeras voluntades a todos los hombres hijo de la tierra:

1. Nosotros queremos cantar el amor al peligro, el hábito de la energía y de la temeridad.

2. El valor, la audacia, la rebelión serán elementos esenciales de nuestra poesía.

3. Hasta hoy, la literatura exaltó la inmovilidad pensativa, el éxtasis y el sueño. Nosotros queremos exaltar el movimiento agresivo, el insomnio febril, el paso ligero, el salto mortal, la bofetada y el puñetazo.

4. Nosotros afirmamos que la magnificencia del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva: la belleza de la velocidad. Un automóvil de carreras con su capó adornado de gruesos tubos semejantes a serpientes de aliento explosivo…, un automóvil rugiente que parece correr sobre la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia.

5. Nosotros queremos cantar al hombre que sujeta el volante, cuya asta ideal atraviesa la Tierra, ella también lanzada a la carrera, en el circuito de su órbita.

6. Es necesario que el poeta se prodigue con ardor con lujo y con magnificencia para aumentar el entusiástico fervor de los elementos primordiales.

7. Ya no hay belleza si no es en la lucha. Ninguna obra que no tenga carácter agresivo puede ser una obra de arte. La poesía debe concebirse como un violento asalto con las fuerzas desconocidas, para obligarlas a arrodillarse ante el hombre.

8. Nos hallamos sobre el último promontorio de los siglos!... ¿Por qué deberíamos mirar a nuestras espaldas, si queremos echar abajo las misteriosas puertas de lo Imposible? El tiempo y el Espacio murieron ayer. Nosotros ya vivimos en lo absoluto, pues hemos creado ya la eterna velocidad omnipresente.

9. Nosotros queremos glorificar la guerra –única higiene del mundo-, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los libertarios, las hermosas ideas por las que muere y el desprecio por la mujer.

10. Nosotros queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todo tipo, y combatir contra el moralismo, el feminismo y toda cobardía oportunista o utilitaria.

11. Nosotros cantaremos a la grandes muchedumbres agitadas por el trabajo, por el placer o la revuelta; cantaremos a –las marchas multicolores y polifónicas de las revoluciones en las capitales modernas; cantaremos el vibrante fervor nocturno de los arsenales y de los astilleros incendiados por violentas lunas eléctricas; las estaciones glotonas, devoradas de serpientes humeantes; las fábricas colgadas de las nueves por los retorcidos hilos de sus humos; los puentes semejantes a gimnastas gigantes que saltan los ríos relampagueantes al sol con un brillo de cuchillos; los vapores aventureros que olfatean el horizonte, las locomotoras de ancho pecho que piafan en los raíles como enormes caballos de acero embridados con tubos, y el vuelo deslizante de los aeroplanos, cuya hélice ondea al viento como una bandera y parece aplaudir como una muchedumbre entusiasta.

Pero nosotros no queremos saber nada del pasado. ¡Nosotros, los jóvenes fuertes y futuristas! ¡Vengan, pues, los alegres incendiarios de dedos carbonizados! ¡Aquí están! ¡Aquí están! ¡Vamos! ¡Prended fuego a los estantes de las bibliotecas! ¡Desviad el curso de los canales para inundar los museos!... ¡Oh, qué alegría ver flotar a la deriva, desgarradas y desteñidas en esas aguas, las viejas telas gloriosas!... ¡Empuñad los picos, las hachas, los martillos, y destruid, destruid sin piedad las ciudades veneradas!

(…) Los más viejos de nosotros tienen treinta años; sin embargo, nosotros ya hemos despilfarrados tesoros, mil tesoros de fuerza, de amor, de audacia, de astucia y de ruda voluntad; los hemos desperdiciado con impaciencia, con furia, sin contar, sin vacilar jamás, sin jamás descansar, hasta el último aliento… ¡Miradnos! ¡Todavía no estamos exhaustos! ¡Nuestros corazones no sienten ninguna fatiga porque se alimentan de fuego, de odio y de velocidad!... ¿Os asombráis?... ¡Es lógico, porque vosotros ni siquiera os acordáis de haber vivido! ¡Erguidos en la cima del mundo, nosotros lanzamos una vez más nuestro reto a las estrellas!

(...)¡Erguidos en la cima del mundo, nosotros lanzamos, una vez más nuestro reto a las estrellas!”.[12]

Esto es el futurismo: pasión desatada, desafío, esteticismo dramático, ansia de destrucción, zambullido en la piscina de la modernidad, arrebato de furia y deseo implícito de quemarse en cualquier aventura: La “personalidad fascista” debe mucho a esas líneas exaltadas. Drieu la Rochelle y también André Malraux estuvieron cerca de este estilo de vida y ambos afirmaron que el fascismo era una forma de “pesimismo activo”[13].

Cuando en 1912 Marinetti y sus amigos ya habían lanzado el Manifiesto de la Pintura Futurista, el Manifiesto de la mujer Futurista, el Manifiesto de la Escultura Futurista y otros documentos similares, empezó a calibrar la posibilidad de dedicarse a la política. Sus primeros contactos fueron en dirección de los sindicalistas revolucionarios[14] en un momento en el que este sector y los nacionalistas de la ANI vivían en plena efervescencia. Marinetti en este período hace guiños a unos y a otros y alude frecuentemente a “nuestros enemigos comunes”[15]. En ese momento ya está convencido de que “el sindicalismo revolucionario y el nacionalismo son las dos únicas fuerzas realmente subversivas de la Europa Latina”[16].

Es poco después, cuando tiene lugar la guerra de Libia a la que es enviado como corresponsal, Marinetti vive su mejor momento: publica su novela más famosa - Mafarka[17] de “inspiración africana” – y vive de cerca por primera vez la experiencia de la guerra que en él, como en Ernst Jünger unos años después, tendrá una virtud transfiguradora. A partir de ese momento, para Marinetti, la guerra pasa a ser “la única higiene del mundo”[18].

Futurismo y política

Poco antes del inicio de la Primera Guerra Mundial, los futuristas publicaron su primer Manifiesto Político que insistirá en los temas propios que habían dado vida al movimiento artístico: antisocial y anticlerical, imperialista, proponía una “política exterior agresiva, astuta, cínica”, exigía la “Restauración de la Roma Imperial”. Intervencionista como Mussolini, D´Annunzio o los nacionalistas, el propio Marinetti en septiembre de 1914 organizó en Milán las primeras manifestaciones contra Austria[19].

Sus dos escritos políticos más relevantes serán Democracia Futurista publicado en 1919 y Más allá del comunismo aparecido el año siguiente. Su lectura permite advertir con facilidad lo que le uniría y le separaría del fascismo: el “posibilismo”[20]. Lo que para Mussolini era “estrategia” móvil, cambiante, según soplaran los vientos y le aproximara en las más diversas circunstancias al gobierno de la nación, no dejaba de repugnar a Marinetti, poco pragmático y de escasa visión política, refugiado en el “purismo” y, por tanto, en buena medida en la esterilidad política. El Marinetti republicano y anticatólico difícilmente podría entenderse durante mucho tiempo con el Mussolini convertido en aliado, de la monarquía y firmante del Concordato con la Santa Sede. Ambos, apasionados de la italianeidad, terminaron siendo antisocialistas y anticomunistas y rechazaban cualquier forma de cosmopolitismo. Ambos soñaban con una revolución pero la de Mussolini era de “masas” y la de Marinetti de “élites intelectuales”. Esto explica que tanto antes como después de la Marcha sobre Roma, menudearan las rupturas y las reconciliaciones. Solamente cuando Mussolini rompió – forzosamente, hay que decirlo- con la monarquía en 1943 y fundó la República Social Italiana, Marinetti apreció el reverdecimiento del Mussolini revolucionario y se adhirió sin fisuras.

N.E.: Mussolini se posiciono contra el socioliberalismo y el socialismo marxista, pero no se definió como “antisocialista”. Fue el propio Mussolni quien definió al fascismo como “socialismo”. Este es un dato rigurosamente exacto reconocido por diversos autores antifascistas como, por ejemplo, Ernest Wilhelm Eschmann, en su obra “El Estado Fascista, en Italia”. Hasta qué punto era el socialismo una característica del fascismo que dicho autor manifiesta que en ese entonces “el fascismo era un socialismo más”.

Durante la Primera Guerra Mundial, los futuristas se presentaron voluntarios a las unidades de élite, los llamados “Exploradores de la Muerte” que fue la médula de los famosos Arditi[21]. Algunos mueren en combate como el arquitecto futurista Sant´Elia y el pinto Boccioni, otros muchos fueron condecorados por acciones de guerra demostrando que los principios futuristas no eran una simple pose o un mero gesto, sino que afectaba al núcleo de su personalidad. Marinetti, por supuesto, se alistó también y otro tanto hizo Mario Carli, el futuro director de L´Impero y, especialmente, de Roma Futurista.

El 20 de septiembre de 1919 aparece el primer número de Roma Futurista subtitulada Periódico del Partido Futurista que llamaba a “todos los italianos” que terminaría constituyendo el núcleo del Partido Político Futurista. En esta publicación aparecen algunos de los temas que el fascismo incorporaría (la estructura corporativa del Estado) y otros que encontraron el rechazo del “posibilista” Mussolini (el anticlericalismo, la socialización de la tierra y otros temas propios de la izquierda como el sufragio femenino).

N.E.: Mussolini fue un firme defensor del sufragio femenino. Esta reivindicación se recogió en el programa original de los Fasci Italiani Di Combattimento, y fue puesta en práctica por el régimen fascista italiano, contando con el apoyo, durante todo el proceso, de diversos grupos femeninos prosufragio. Asimismo, la socialización fue una de las reivindicaciones originales, incluida en el programa inicial de los Fasci Italiani Di combattimento, del fascismo, y que culminaría con la aprobación del “Manifiesto de Verona” durante la República Social Italiana.

En la postguerra, los Arditi, una vez desmovilizado se reagruparon en la Associazione Nazionale d´Arditi d´Italia fundada por Mario Carli. Este había sido inicialmente relegado a trabajos administrativos a causa de su miopía, pero insistiendo logro enrolarse en la 18ª Compañía de Asalto de los Arditi alcanzado pronto el grado de capitán por méritos de guerra y varias condecoraciones al valor. Próximo a la paz, junto con Marinetti fundó la revista Roma Futurista, que sería la tribuna de los Arditi futuristas. Su símbolo era la llama negra propia de estas tropas de asalto. Carli había escrito: “El Ardito y el futurista de guerra, la vanguardia despeinado y dispuesta a todo, la fuerza y la agilidad de los años veinte, el joven que lanza bombas silbando recuerdo de la veriedad”[22]. El 10 de diciembre de 1918 se constituyó la ANAI cuando en varias ciudades italianas se constituían “fasci futuristi”. Muchos Arditi seguían en activo en el ejército que veía con cierta hostilidad su creciente compromiso político y en especial la difusión en los cuarteles de la revista L´Ardito. A la prohibición y a las sanciones que se lanzaron para que los futuristas cesaran de hacer política en los cuarteles, Carli contestó con un famoso artículo titulado: “Arditis, no gendarmes”, indicando que no serían ellos quienes salvaran al régimen. Luego siguió la aventura de DÁnnunzio en Fiume protagonizada mayoritariamente por Arditi. 

Futurismo y Fascismo

Ya, por entonces, los futuristas se habían aproximado al proyecto mussoliniano de convocar una Constituyente del intervencionismo que aproximó a Marinetti y a Mussolini y los unió en un acto convocado en la Scala de Milán donde boicotearon a los intervencionistas de izquierda.

Un año después, Marinetti participó en la reunión de los “sansepolcristas” reunidos en la plaza del mismo nombre. El primer programa de los Fasci di Combatimento incluye algunas de las propuestas futuristas en lo relativo al Estado ( “El Estado es soberano, y esta soberanía no puede ni debe ser limitada o disminuida por la Iglesia”), a las Corporaciones (“ Las corporaciones deben ser promovidas según dos direcciones fundamentales: como expresión de la solidaridad nacional y como medio de desarrollo de la producción”), a los Principios de política exterior (“Italia debe reafirmar su derecho a realizar su plena unidad histórica y geográfica, incluso allí donde aún no la ha realizado”), etc. Esto ocurría el 23 de marzo de 1919. Pocos días después, Mussolini y Marinetti lanzan a los Arditi contra el diario socialista Avante! Cuya redacción resulta completamente saqueada. A pesar de que Mussolini asumiera la responsabilidad del asalto, la mayoría de los participantes eran Arditi y buena parte de estos eran futuristas[23].

A partir de ese momento, las relaciones entre el fascismo y los futuristas se van estrechando especialmente en Milán en donde Marinetti era miembro del Fasci de esa ciudad. Sin embargo, cuando tuvo lugar el segundo congreso de los Fasci se produce la primera tensión notable: Marinetti percibe una atenuación de la tensión ideal del fascismo y una aproximación al Vaticano cuya “soberanía espiritual” se reconoce. A pesar de que Marinetti dimitiera del movimiento, en ese momento, el futurismo ya estaba roto como unidad política: Carli había pasado a publicar un semanario Ultramonárquico (Il Principe) que no dudaba en proponer para horror de Marinetti que la “monarquía absoluta es el régimen más perfecto”. Después de sucesivas transformaciones, la revista pasó a llamarse primero L´Impero y luego L´Impero Fascista.

En cuanto a la ANAI fue disuelta por Mussolini al considerarla “poco fiable para el fascismo”. La mayoría de Arditi se adhirió al fascismo y solamente un grupo de Arditi romanos –los llamados Arditi del Popolo, esencialmente romanos- rechazaron esa aproximación. Para sustituir a la ANAI se fundó la Federazione Nazionale Arditi D´Italia el 22 de octubre de 1922. Los Arditi del Popolo desde el principio se configuraron como una fuerza activista antifascista que contó entre sus militantes con anarquistas, socialistas y comunistas (que pronto fueron mayoritarios).

Las esperanzas de Marinetti de que después de la Primera Guerra Mundial estallara una “revolución” se vieron pronto decepcionadas y él mismo fue el primero en hablar de la “victoria mutilada”. La aventura de Fiume le dio solamente una breve esperanza. Pronto rompió con D´Annunzio y fue de los primeros en invitarle a abandonar la ciudad. La existencia del Partido Político Futurista fue breve (apenas dos años, desde la creación de los primeros Fasci Futuristi en 1917 hasta la reunión de la plaza del San Sepolcro en 1919) y tenue. Con la fusión entre fascistas y futuristas los Arditi se convierten en un sector de los camisas negras mussolinianos de los que constituyen su tropa de asalto tal como demuestra el saqueo de la redacción del Avanti.! Con la publicación Al di là del Comunismo (1920), Marinetti da por concluida su aventura política y retorna a la literatura. Pero su hora ha pasado: ya no es considerado ni en Roma ni en París, “la cafeína de Europa”. Han surgido otras vanguardias, el dadaísmo durante la guerra y el surrealismo cuando esta última periclitó.

Su decadencia artística le vuelve a aproximar al fascismo. Es entonces cuando recibe honores del régimen y cuando corresponde sumando su nombre al Manifiesto de los Intelectuales Fascistas publicado en 1925. Luego viajó como representante del régimen fascista a varios países, entre ellos España[24]. En 1929, Marinetti entrará, por deseo expreso de Mussolini en la Academia de Italia recién fundada. En esos años vuelve a reverdecer en su espíritu la fascinación por la guerra: cantará la guerra de Etiopía y a los 66 años se enrolará en la Armata Italiana in Russia, el cuerpo expedicionario italiano que apoyó a la Werthmach en la Operación Barbarroja. Volvió con la salud quebrantada y murió el 2 de diciembre de 1944, después de adherirse incondicionalmente a la República Social Italiana en la que identificó la pureza del fascismo de los orígenes.

Conclusión

El futurismo fue, inequívocamente, otra de las tendencias que dieron vida al fascismo, pero a su vez, era un conjunto de tendencias cuyo comportamiento político no era siempre homogéneo. Las relaciones entre futurismo y fascismo fueron oscilantes, pero lo esencial es reconocer que el proyecto político de Marinetti terminó convergiendo mayoritariamente con el de Mussolini, tal como demuestra inequívocamente su presencia entre los “sansepolcristas”. No todo el futurismo fue fascista, pero sí que lo esencial del futurismo y de los Arditis, se decanto hacia el fascismo. 

Desde el punto de vista doctrinal la personalidad fascista, tanto en Italia como en otros países en los que se manifestó, debe mucho al futurismo y, en lo esencial, supone una modulación de las posiciones radicales de Marinetti en la década de 1909-1919. De ahí surge la transformación del pesimismo en acción, de ahí también surge la consideración de la guerra como “única higiene”, el canto a la juventud (los futuristas sostenían que todo lo que no se hiciera antes de la edad de los 40 años ya no tenía importancia), la vida aventurera casi de lansquenete, los golpes de audacia, la violencia como arma política, el gusto por el enfrentamiento directo, que estuvieron presentes en el futurismo, reaparecieron incluso en modelos de fascismo en otros países que ni siquiera habían oído hablar del futurismo.

¿Dónde situar geométricamente a la componente futurista dentro del fascismo? ¿A la derecha, en el centro, a la izquierda? No era desde luego, un movimiento conservador… si bien Carli y muchos más entre los Arditi futuristas se orientaron a la derecha, incluso más a la derecha que Mussolini y asumieron la defensa de la monarquía. Su polémica anticlerical y sus contactos iniciales con los sindicalistas revolucionarios podían asimilarlos a la izquierda, sin olvidar que llamaron al enfrentamiento con anarquistas, socialistas y comunistas. Y si bien es cierto que compartieron algunos de los puntos de vista de Mussolini (intervencionismo, necesidad del imperio, corporativismo) también es cierto que Marinetti denostó algunas de las orientaciones del futuro Duce (especialmente el “posibilismo” y su aproximación posterior al Vaticano).

De hecho, el futurismo tuvo también tres componentes, a modo de fotocopia reducida de lo que luego sería el fascismo y estas tres componentes luego se superpusieron a las que aparecieron en el Partido Nacional Fascista.

[1] R. Paris, explica que Marinetti “fue la única personalidad de cierta importancia que participó en la reunión de la plaza San Sepolcro del 23 de marzo de 1919. La elaboración del programa de los Fasci debía mucho, entre otros, a los futuristas. Marinetti fue elegido, pues, miembro del Comité Central y, a continuación, de la comisión de propaganda y prensa” (op. cit., pág. 57).
[2] El partido también fue ocasionalmente conocido como “Partido Futurista Italiano”, así se le cita, por ejemplo, en Marinetti Futurista (obra colectiva, Guida Editori, Nápoles 1977, pág. 98) probablemente la exposición más completa del pensamiento estético-político de Marinetti. En cuanto a la intervención política de los futuristas es tratada de manera exhaustiva en La nostra sfida alle stelle: futuristi in política, Emilio Gentile, Laterza 2009. En esta obra también se alude al “Partido Futurista Italiano” (pág. 53).
[3] “Cuando el Estado fascista de Mussolini se alzó con el poder tras la “Marcha sobre Roma” de 1922, aunque pareció encarnar todas estas expresiones anteriores de renovación cultural y política, también heredó todas las incertidumbres y contradicciones propias de la esfera artística y cultural que, como siempre, quedaron sin resorber. El futurismo y el fascismo estuvieron indisolublemente unidos pero mantuvieron una relación sutilmente tensa, confusa e incluso cómica. Mussolini promovió ciertos aspectos del futurismo, mientras que actuó con extrema precaución e incluso hostilidad, frente a otros”,Richard Humpheys, Futurismo, Movimientos en el Arte Moderno, Serie Tate Gallery, Encuentro Ediciones, 2000, pág. 15.
[4] El positivismo afirma que el único conocimiento auténtico es el científico y solamente puede afirmarse a través del método científico. En sus interpretaciones más extremistas terminó desembocando en una especie de religiosidad laica. En cuanto a Benedetto Croce, reprochaba a Compté, máximo representante francés de esta corriente, el que “dejaba insatisfecha la necesidad religiosa del hombre” que era justamente lo mismo que le reprochaba Bergson.
[5] R. Paris, op. cit., pág. 48.
[6] El artículo en cuestión llevaba este mismo título y fue publicado en Il Popolo d’Italiaen 1º de enero de 1920: “… contra los demás, contra nosotros mismos… Nosotros hemos destrozado todas las verdades reveladas, hemos escupido sobre todos los dogmas, hemos rechazado todos los paraísos, hemos ridiculizado a todos los charlatanes –blancos, negros y rojos- que ponen en venta las drogas milagrosas para proporcionar la “felicidad” al género humano. No creemos en los programas, en los esquemas, en los santos, en los apóstoles; sobre todo, no creemos en la felicidad, en la salvación, en la tierra prometida… Volvamos al individuo. Nosotros apoyamos todo lo que exalta y engrandece al individuo, todo lo que le da mayor bienestar, libertad y una mayor independencia; combatimos todo lo que deprime y mortifica al individuo. En las actualidad hay dos religiones que se disputan el dominio sobre el individuo y sobre el mundo: la negra y la roja; las encíclicas provienen, hoy, de dos Vaticanos, el de Roma y el de Moscú. Nosotros somos los herejes de estas dos religiones” (Citado por A. Tasca, op. cit., págs. 48-49), puede observarse la retórica danunziana que destila el artículo –se diría que es el propio poeta el que habla en algunas frases– y que define perfectamente la personalidad apasionada, vitalista y rebelde del Mussolini de 1920.
[7] Al estallar la Primera guerra Mundial, D’Annunzio, que se encontraba en esos momentos en Francia, regresó a Italia, realiza una campaña a favor del intervencionismo italiano a favor de Francia e Inglaterra y fue piloto de guerra voluntario. El 9 de agosto de 1918 protagonizó una de sus habituales “acciones heroicas” sobrevolando Viena con el Escuadrón 87 “La Serenísima” del que era comandante, lanzando panfletos, un trayecto extremadamente difícil para la aviación de la época. Esta acción y la ocupación de Fiume le valieron el ser considerado como el mayor héroe italiano de la época.
[8] El entones secretario general del Partido Comunista Italiano, Antonio Gramsci escribió el 8 de septiembre de 1922 una Carta sobre el futurismo fechada en Moscú, en donde dice:“D'Annunzio nunca ha tomado posición pública respecto al futurismo. Hay que señalar que el futurismo, en su nacimiento, surgió expresamente contra D'Annunzio. Uno de los primeros libros de Marinetti tenía por título Les Dieux s'en vont, d'Annunzio reste. Aunque durante la guerra los programas políticos de Marinetti y de D'Annunzio hayan coincidido en todos los puntos, los futuristas han permanecido antid'annunzianos. Prácticamente no han demostrado interés alguno por el movimiento de Fiume, aunque luego hayan participado en las manifestaciones.” (el texto completo puede leerse enhttp://www.ddooss.org/articulos/textos/Gramsci.htm). A pesar de que Gramsci exagera algo, lo cierto es que D’Annunzio y Marinetti nunca se llevaron bien: “D’Annunzio dirá a sus amigos que Marinetti es "una nulidad atronadora" o "un necio fosforescente" o también–parece– "un necio con algunos rayos de imbecilidad"; y Marinetti le contestará definiéndolo confidencialmente como un tradicionalista, un "Montecarlo de todas las literaturas", "aburrido y anacrónico". Pero en público, a regañadientes, se alabarán recíprocamente y en sus pocos encuentros se intercambiarán hasta flores, regalos y abrazos; sin menoscabo de la admiración que siente Marinetti por la "vida futurista" de d’Annunzio; o, durante los años siguientes, la aprobación sufrida y limitada de d’Annunzio por las novedades introducidas por el Futurismo en las letras, las artes figurativas, la música e incluso en las expresiones más corrientes del gusto, como el periodismo, la publicidad y la moda.”(http://www.internetculturale.it/genera.jsp?id=893&l=es).
[9] R. Paris, op.cit., pág. 52.
[10] Sobre las relaciones entre futurismo y fascismo y sobre otros movimientos artísticos de vanguardia del novecento puede leerse la Historia de las literaturas de vanguardia, Guillermo de Torre, Ediciones Guadarrama, Madrid, especialmente el capítulo La esquina peligrosa: futurismo y fascismo, págs. 149-152.
[11] Nos ha sido imposible establecer el origen de este apelativo que suele acompañar a nombre de Marinetti. Mientras que para unos se trata de un mote puesto por algún crítico avisado, para otros el propio Marinetti se lo dio a sí mismo y se autoproclamó como tal (Cfr. http://desdemendoza.com.ar/index.php/revistasdmza/revista-artedmza/957-a-100-anos-de-qla-cafeina-del-mundoq.html).
[12] Para el texto completo del manifiesto cfr.: http://elcraneo.8m.com/manifiestosfuturistas.htm
[13] La frase se ha atribuido habitualmente a Drieu la Rochelle, el cual, a su vez se consideraba como tal y decía que un “pesimista activo” será siempre un fascista. Sea esta atribución cierta o no, André Malraux pudo decir, a su vez, que “el pesimismo activo era la antesala fatal del fascismo” (Citado en La diversidad asediada, Escritos sobre culturas y mundialización, Pedro Susz K., Plural Editores, La Paz 2005, pág. 385).
[14] “En ese momento en el que empieza a esbozarse en el seno del sindicalismo revolucionario la tendencia “nacionalista revolucionaria” [1910], Marinetti decide dar una conferencia sobre “la belleza y la necesidad de la violencia”, además de mover todos los hilos a su alcance para obtener un mandato parlamentario en la circunscripción del Piamonte. Ahora bien, en esta circunscripción ha surgido una corriente política en torno del periódico Il Tricolore, que preconiza una alianza del nacionalismo y del sindicalismo revolucionario. Marinetti pronuncia su conferencia en Nápoles, en Milán y en Parma, donde Alceste de Ambris publica la revista L’Internazionale, órgano del sindicalismo revolucionario. Al imprimir el texto casi íntegro de la conferencia de Marinetti, De Ambris rinde homenaje a este “magnífico y soberbio himno a la violencia”, a esta hermosa incitación a la vida “en pleno cementerio de la vida italiana”. En esencia esta conferencia hace apología de la guerra, entona un himno a la Patria, estigmatiza el utilitarismo estrecho y mezquino de la democracia reformista y magnifica, en suma, el “gesto destructor de los anarquistas”, la huelga general y la revolución”, Z. Sternhell, El nacimiento… op. cit., pág. 361. Tal es el origen del período en el que Marinetti estuvo próximo al sindicalismo revolucionario.
[15] Z. Sternhell, op. cit., pág 360. Marinetti dedicó uno de sus famosos manifiestos a este tema y unas semanas después en mayo de 1910, junto con la revista La demolizione(revista anarquista de matriz sindicalista-revolucionaria dirigida por Ottavio Dinale) realiza una encuesta sobre “la fundación de un partido revolucionario”.
[16] Z. Sternhell, op. cit., pág. 361.
[17] Existe una reciente edición española de esta obra: Mafarka, F. T. Marinetti, Editorial Renacimiento, Colección Pompadour, Madrid 2007.
[18] Tal es el título de una obra publicada por Marinetti en 1915 y editada por las Edizioni Futuriste de Poesia en Milán: Guerra sola igiene del mondo.
[19] R. Paris, op. cit., pág. 55.
[20] Cfr. Vintila Horia, Introducción a la Literatura del Siglo XX, Universidad Gabriela Mistral, Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1989, págs. 27 y sigs, dedicadas a Marinetti.
[21] Cfr. Z. Sternhell, op. cit., pág. 362. La historia más accesible actualmente sobre este cuerpo de élite es Italian Arditi, Elite Assault Troops 1917-20 de Angelo L. Pirocchi, Osprey Publishing, Oxford 2004. Un resumen puede encontrarse en Wikipedia edición inglesahttp://en.wikipedia.org/wiki/Arditi o bien en la edición italianahttp://it.wikipedia.org/wiki/Arditi
[22] Escrito en Roma Futurista, año 1, nº 1, 20 de septiembre de 1918. Reproducido en Wikipedia edición italiana http://it.wikipedia.org/wiki/Mario_Carli
[23] R. Paris, op. cit., pág. 57.
[24] Cfr. Vanguardias Artísticas en España, Jaime Brihuega, Ediciones Itsmo, Madrid 1981, pág. 296-8 y en Italia-España en la época contemporánea, Assumpta Camps, Peeter Lang AG, Berna 2009, págs. 89-92, se mencionan ampliamente los desplazamientos de Marinetti por España.

jueves, 26 de marzo de 2015

Nicola Bombacci: De Lenin a Mussolini, de Erik Norling

         
El 29 de abril de 1945 eran pasados por las armas los principales jerarcas fascistas a manos de los partisanos comunistas. Curiosamente entre éstos fascistas encontramos a Nicola Bombacci, el que fuera una de las máximas figuras del comunismo italiano, ni más ni menos que el fundador del Partido Comunista italiano (PCI), amigo personal de Lenin con el que estuvo en la URSS durante los años de la Revolución (en mayúscula). Apodado el “Papa Rojo” y finalmente incondicional seguidor de Mussolini, al que se unió en los últimos meses de su régimen. Su vida, ¿es la historia de una conversión o de una traición? O fue, acaso, ¿una evolución natural de un nacional bolchevique?

Un joven revolucionario

Nicola Bombacci nace en el seno de una familia católica (su padre era agricultor, antaño soldado del Estado Pontificio) de la Romagna, en la provincia de Forli, un 24 de octubre de 1879, a escasos kilómetros de Predappio, donde también nacerá cuatro años después el que sería fundador del fascismo. Es una región donde la lucha obrera se había distinguido por su dureza y un campesinado habituado a la rebelión, tierra de pasiones extremas. Por imposición paterna ingresa en el seminario pero lo abandonará al morir su progenitor. En 1903 ingresa en el anticlerical Partido Socialista (PSI) y decide estudiar para maestro para poder servir a las clases menos favorecidas en su lucha (nuevamente las similitudes con el Duce son evidentes, llegando a estudiar en la misma Escuela superior) para pronto dedicarse en cuerpo y alma a la revolución socialista. Su capacidad de trabajo y dotes de organizador le valen serle encomendada la dirección de órganos de prensa socialista, donde irá aumentando su poder en el seno del movimiento obrero, llegará a ser Secretario del Comité Central del partido y diputado, y donde conocerá a un muchacho unos años más joven: Benito Mussolini, que no olvidemos fue la promesa del socialismo italiano antes de tornarse nacional-revolucionario.

Opuesto a la línea blanda de la socialdemocracia, Bombacci fundará junto a Gramsci el Partido Comunista de Italia tras la fractura interna del PSI y viajará a principios de los años 20 a la URSS para participar en la revolución bolchevique a donde había ido ya antes como representante del partido socialista siendo captado para la causa de los soviets. Allí traba amistad con el propio Lenin que le diría en una recepción en el Kremlin aquellas famosas palabras acerca de Mussolini: “En Italia,compañeros, en Italia sólo había un socialista capaz de guiar al pueblo hacia larevolución Benito Mussolini”, y poco después el Duce encabezaría una revolución, pero la fascista.

Como líder (Antonio Gramsci era el teórico, Bombacci el organizador) del recién creado PCI, se convertirá en el auténtico “enemigo público nº 1 de la burguesía italiana que le apoda “El Papa Rojo”. Revalidará brillantemente su acta de diputado, esta vez en las listas de la nueva formación, mientras que las escuadras fascistas comenzaban a tomar las calles enfrentándose a las milicias comunistas en sangrientos combates. Bombacci se empeñará en detener la marcha hacia el poder del fascismo pero fracasará, desde las páginas de sus periódicos lanza invectivas contra el fascismo arengando a la defensa de la revolución comunista. Es una época en que los escuadristas con camisa negra cantan canciones irreverentes como “No tengo miedo de Bombacci/ ...con la barba de Bombacci haremos spazzolini (cepillos)/ para abrillantar la calva de Benito Mussolini”. Etapa en la que el comunismo se ve inmerso en numerosas tensiones internas y el propio Bombacci entra en polémica con sus compañeros de partido; uno de los puntos de fricción es precisamente la decisión entre nacionalismo e internacionalismo. Ya había mostrado antes tendencias nacionalistas, que hacían presagiar su futura línea, cuando aún estaba en el partido socialista y como consecuencia de un documento protestando contra la acción de Fiume de D’Annunzio que quería presentar el partido, Bombacci se rebeló y escribió sobre éste que era “Perfecta y profundamente revolucionario; porque D’Annunzio es revolucionario. Lo ha dicho Lenin en el Congreso de Moscú”.

El primer fascismo

En 1922 los fascistas marchan sobre la capital del Tíber; nadie puede impedir que Mussolini asuma el poder, aunque éste no será absoluto durante los primeros años del régimen. Como diputado y miembro del Comité Central del partido así como encargado de las relaciones exteriores del mismo, Bombacci viaja al extranjero con frecuencia. Está en el IV Congreso de la Internacional Comunista representando a Italia, en el Comité de acción antifascista, se entrevista con dirigentes bolcheviques rusos. Lleva ya media vida dedicada a la causa del proletariado y no está dispuesto a cejar en su empeño de llevar a la práctica su sueño socialista. Se convierte en un ferviente defensor del acercamiento de Italia a la URSS en la cámara y en la prensa comunista, seguramente hablando en nombre y por instigación de los dirigentes moscovitas, pero utilizando un discurso nacional-revolucionario que molesta en el seno del partido, que por otro lado está en plena desbandada tras la victoria fascista. Las relaciones con el revolucionario estado soviético sería una ventaja para Italia como nación, que también ve un proceso revolucionario aunque sea fascista. Inmediatamente le acusan de herético y piden que rectifique. No pueden admitir que un comunista exija, como hace Bombacci, “superar la Nación (sin) destruirla, la queremos más grande, porque queremos un gobierno de trabajadores y agricultores”, socialista y sin negar la Patria “derecho incontestable y sacro de todo hombre y de todo grupo de hombres”. Es la llamada “Tercera Vía” donde el nacionalismo revolucionario del fascismo pudiera encontrarse con el socialismo revolucionario comunista.

Bombacci es progresivamente marginado en el seno del PCI y condenado al ostracismo político, aunque no dejaría de tener contactos con algunos dirigentes rusos y la embajada rusa para la que trabajaba, además un hijo vivía en la URSS. Creía sinceramente en la revolución bolchevique y que, a diferencia de los camaradas italianos, los rusos tenían un sentido nacional de la revolución por lo que jamás renegará de su amistad hacia la URSS ni siquiera cuando se adhiera definitivamente al fascismo.

Con la expulsión definitiva del partido en 1927 Bombacci entra en una etapa que podemos calificar como los años del silencio que llegan hasta 1936 cuando lanzará su editorial y revista homónima bautizada La Verità (La Verdad) y que culminará en 1943 en una progresiva conversión hacia el fascismo. Sin embargo es demasiado fácil considerar que Bombacci simplemente se pasó con armas y bagajes al fascismo como pretenden los que le acusan de ser un “traidor”. Asistiremos a un proceso lento de acercamiento, no al fascismo sino a Mussolini y a la ala izquierdista del movimiento fascista, donde Bombacci se siente arropado y en familia, cercano a sus planteamientos revolucionarios, su corporativismo y sus leyes sociales de este fascismo del que “todo postulado es un programa del socialismo” dirá en 1928 reconociendo su identificación.

Comprobamos así como Bombacci, no es un fascista pero defiende los logros del régimen y la figura de Mussolini. No se acercó al partido fascista –jamás se adhirió al Partido Nacional Fascista- aún su amistad reconocida con Mussolini, no aceptó cargos que le pudieran ofrecer ni renegó de sus orígenes comunistas. Su independencia valía más. Sin embargo se convenció que el Estado Corporativo propuesto por el fascismo era la realización más perfecta, el socialismo llevado a la práctica, un estadio superior al comunismo. Jamás camuflaría sus ideales, en 1936 escribía en la revista La Veritá, confesando su adhesión al fascismo pero también al comunismo:

“El fascismo ha hecho una grandiosa revolución social, Mussolini y Lenin. Soviet y Estado fascista corporativo, Roma y Moscú. Mucho tuvimos que rectificar, nada de qué hacernos perdonar, pues hoy como ayer nos mueve el mismo ideal: el triunfo del trabajo”.

Mientras esto sucedía Bombacci tiene un largo intercambio epistolar con el Duce intentando influir en el antaño socialista en su política social. El máxime historiador del fascismo, Renzo de Felice, ha escrito al respecto que Bombacci tiene el mérito de haber sugerido a Mussolini más de una de las medidas adoptadas en esos años 30. En una de estas misivas, fechada en julio de 1934, propone un programa de economía autárquica (que aplicará Mussolini) que, dice Bombacci al Duce, es muestra de su “voluntad de trabajar más en aquello que ahora concierne, en el interés y por el triunfo del Estado Corporativo...”, como hace también desde las páginas de su revista donde una y otra vez batalla por una autarquía que haga de Italia un país independiente y capaz de enfrentarse a las potencias plutocráticas (entiéndase EE.UU. pero también Francia e Inglaterra). Por ello apoya decididamente la intervención en Etiopía en 1935, pero no como campaña colonial sino como preludio del enfrentamiento entre los países “proletarios” (entre los que estaría la Italia fascista) y los “Capitalistas” que irremediablemente deberá llegar, esa“revolución mundial (que) restablecerá el equilibrio mundial”. La acción italiana sería una“típica e inconfundible conquista proletaria” destinada a derrotar a las potencias“capitalistas” y cuya experiencia “deberá ser asumida... como un dato fundamental para la redención de las gentes de color, aún bajo la opresión del capitalismo más terrible”.

Contra Stalin

Entre los años 1936 y 1943, difíciles para el fascismo pues se inician los conflictos armados preludio de la derrota, Bombacci acrecienta su adhesión ideológica a Mussolini. Ya es un hombre que tiene casi sesenta años, ha visto cómo muchos de sus sueños socialistas no se han realizado, pero es un eterno idealista y no está dispuesto a abandonar la lucha por el socialismo, por “esa obra de redención económica y de elevación espiritual del proletariado italiano que los socialistas de primera hora habíamos iniciado”. Su editorial es una ruina económica, sus biógrafos han dejado constancia de las dificultades y penurias que sufre. Le habría bastado un paso oportunista e integrarse en el fascismo oficial y habría dispuesto de todas las ayudas del aparato del Estado pero no quiere perder su independencia aunque en ocasiones deba aceptar subvenciones del Ministerio de Cultura Popular.

Coincide esta etapa con una profunda reflexión de sus errores del pasado y una serie de ataques al comunismo ruso se habría vendido a las potencias capitalistas traicionando los postulados de Lenin. Así, escribe Bombacci en noviembre de 1937, las relaciones entre la URSS y los países democráticos sólo tenía una expoliación que delataría todo lo demás, “la razón es una sola, frívola, vulgar, pero real: el interés, el dinero, el negocio”por lo que podía este antaño comunista declarar abiertamente que “nosotros proclamamos con la conciencia limpia que la Rusia bolchevique de Stalin ha devenido una colonia del capitalismo masónico-hebraico-internacional...” La alusión antisemita no es nueva en Bombacci, ni en los teóricos socialistas de principios de siglo, pues no debemos olvidar que el antisemitismo moderno tuvo sus más fervientes defensores precisamente entre los doctrinarios revolucionarios de finales del siglo XIX cuando el judío encarnaba la figura del odiado capitalista. En Bombacci no encontramos un antisemitismo racialista sino social, acorde con los planteamientos mediterráneos del problema judío a diferencia del anti-judaísmo alemán o galo.

Cuando llega la segunda guerra mundial, y especialmente al estallar en el frente del Este, Bombacci participa de lleno en las campañas anticomunistas del régimen. Como dirigente comunista que ha viajado a la URSS su voz se hace oír. Ahora bien, no reniega de sus ideales, sino que profundiza en su tesis que Stalin y sus acólitos han traicionado la revolución. Escribe numerosos artículos contra Stalin, sobre las condiciones reales de vida en el llamado paraíso comunista, las medidas adoptadas por éste para destruir todos los logros del socialismo leninista. En 1943, poco antes de la caída del fascismo, concluía Bombacci resumiendo su posición en un folleto de propaganda:

“¿Cuáles de las dos revoluciones, la fascista o la bolchevique, hará época en el siglo XX y quedará en la historia como creadora de un orden nuevo de valores sociales y mundiales? ¿Cuáles de las dos revoluciones ha resuelto el problema agrario interpretando verdaderamente los deseos y aspiraciones de los campesinos y los intereses económicos y sociales de la colectividad nacional? ... ¡Roma ha vencido! ... Moscú materialista semi-bárbara, con un capitalismo totalitario de Estado-Patrono, quiere unirse a marchas forzadas (planes quinquenales), llevando a la miseria más negra a sus ciudadanos, a la industrialización existente en los países que durante el siglo XIX siguieron un proceso de régimen capitalista burgués. Moscú completa la fase capitalista. ... Roma es bien otra cosa. ... Moscú, con la reforma de Stalin, se retrata institucionalmente al nivel de cualquier Estado burgués parlamentario. Económicamente hay una diferencia sustancial, porque, mientras en los Estados burgueses el gobierno está formado por delegados de la clase capitalista, el gobierno está en manos de la burocracia bolchevique, una nueva clase que en realidad es peor que esa clase capitalista porque sin control alguno dispone del trabajo, de la producción y de la vida de los ciudadanos...”

La República Social Italiana

Cuando Mussolini es depuesto en julio de 1943 y rescatado por los alemanes unos meses después, el Partido Nacional Fascista se ha derrumbado. La estructura orgánica ha desaparecido, los mandos del partido, provenientes de las capas privilegiadas de la sociedad se han pasado en masa al gobierno de Badoglio e Italia se encuentra dividida en dos (al sur de Roma los aliados avanzan hacia el norte). Mussolini reagrupa a sus más fieles, todos ellos viejos camaradas de primera hora o jóvenes entusiastas, casi ninguno dirigente de alto rango, que aún creen en la revolución fascista y proclama la República Social Italiana. Inmediatamente el fascismo parece volver a sus orígenes revolucionarios y Nicola Bombacci se adhiere a la proclamada república y presta a Mussolini todo su apoyo. Su sueño es poder llevar a cabo la construcción de esa “República de los trabajadores” por la que tanto él como Mussolini combatiesen a principios de siglo juntos. Como Bombacci se le unen otros conocidos intelectuales de izquierda al nuevo gobierno como Carlo Silvestri (diputado socialista, después de la guerra defensor de la memoria del Duce), Edmondo Cione (filósofo socialista que será autorizado a crear un partido socialista aparte del Partido Fascista Republicano), etc.

El primer contacto con Mussolini lo tiene el 11 de octubre, hace apenas un mes de la proclamación de la RSI, y es epistolar. Bombacci le escribe a Mussolini desde Roma, una ciudad donde el fascismo se ha derrumbado estrepitosamente, los romanos han destruido todos los símbolos del anterior régimen en las calles, pero donde quedan muchos fascistas de corazón, y es ahora el momento que elige para declarar a Mussolini que está con él. No cuando todo eran parabienes y alegrías sino en los momentos difíciles como tan sólo hacen los verdaderos camaradas:

“Estoy hoy más que ayer totalmente con usted” –le confiesa Bombacci- “la vil traición del rey-Badoglio ha traído por todos lados la ruina y el deshonor de Italia pero le ha liberado de todos los compromisos pluto-monárquicos del 22. Hoy el camino está libre y a mi juicio se puede sólo recorrer al resguardo socialista. Ante todo: la victoria de las armas. Pero para asegurar la victoria debe tener la adhesión de la masa obrera. ¿Cómo? Con hechos decisivos y radicales en el sector económico-productivo y sindical... Siempre a sus órdenes con el gran afecto de treinta años ya”.

Mussolini, acosado por la situación militar pero más resuelto que nunca en llevar a cabo su revolución ahora que se ha desprendido de los lastres del pasado, autoriza que los sectores más radicales del partido asuman el poder y se inicia una etapa denominada de “Socialización” (nombre propuesto por Bombacci y aceptado por el Duce) que se traducirá en la promulgación de leyes claramente de inspiración socialista, en cuanto a la creación de sindicatos, cogestión de las empresas, distribución de beneficios, nacionalización de los sectores industriales de importancia. Todo ello resumido en los 18 puntos del primer (y único) congreso del Partido Fascista Republicano en Verona, un documento redactado por Mussolini y Bombacci conjuntamente, que debía convertirse en las bases del Estado Social Republicano. En política exterior intentará convencer a Mussolini que había que firmar la paz con la URSS y proseguir la guerra contra la plutocracia anglosajona, resucitar el eje Roma-Berlín-Moscú de los pensadores geopolíticos del nacional-bolchevismo de los años veinte, una propuesta que parece haber tenido éxito en Mussolini que escribirá varios artículos para la prensa republicana al respecto aún sabiendo que esta propuesta tenía una tenaz oposición por parte de un amplio sector del partido, en particular de Roberto Farinacci. Bombacci viaja al norte y se reinstala cerca de su amigo Walter Mocchi, otro veterano dirigente comunista convertido al fascismo mussoliniano que trabaja para el Ministerio de Cultura Popular.

Si para muchos el último Mussolini era un hombre acabado, títere de los alemanes, no deja de sorprender la adhesión que recibiera de hombres como Bombacci, un verdadero idealista, de altura imponente, con la barba crecida y una oratoria atrayente, alérgico a todo lo que pudiera significar encasillarse o aburguesarse, que tampoco ahora aceptará ni sueldo ni prebendas (sólo a principios de 1945 aparecerá su nombre en una lista de propuestas de nóminas del ministerio de Economía o como Jefe de la Confederación Única del Trabajo y de la Técnica). Bombacci se convertirá en asesor personal y confidente de Mussolini, para atraer de nuevo a las bases del partido de los trabajadores. Propone la creación de comités sindicales, abiertos a no militantes fascistas, elecciones sindicales libres, viajará a lo largo de las fábricas del industrializado norte (Milán-Turín) explicando la revolución social del nuevo régimen y el porqué de su adhesión. Parece que nuevamente el viejo combatiente revolucionario rejuvenece, tras un mitin en Verona y varias visitas a empresas socializadas escribe al Duce el 22 de diciembre de 1944: “He hablado una hora y 30 minutos en un teatro entregado y entusiasta... la platea, compuesta en la mayor parte por obreros ha vibrado gritando: Sí, queremos combatir por Italia, por la república, por la socialización... por la mañana he visitado la Mondadori, ya socializada, he hablado con los obreros que forman parte del Consejo de Gestión que he encontrado lleno de entusiasmo y comprensión de esta nuestra misión”. Mientras la situación militar se deterioraba por momentos y los grupos terroristas comunistas (los trágicamente famosos GAP) ya habían decidido eliminarle por el peligro que conllevaba su actividad para sus objetivos.

Pero la guerra está llegando a su fin. Benito Mussolini, aconsejado por el diputado ex-socialista Carlo Silvestri y Bombacci, propone entregar el poder a los socialistas, integrados en el Comité Nacional de Liberación, antes que a los dirigentes derechistas del sur. Sin embargo fracasan. En abril de 1945 las autoridades militares alemanas se rinden a los aliados, sin informar a los italianos, es el fin. Abandonados y solos.

Crepúsculo de un nacional-revolucionario

Durante los últimos meses de la RSI Bombacci continuó, incluso entonces, la campaña para recuperar a las masas populares y evitar que se decantasen por el bolchevismo. A finales de 1944 se publicaba un opúsculo titulado Esto es el Bolchevismo, reproducido en el periódico católico Crociata Italica en marzo de 1945, Bombacci insiste en las críticas hacia las desviaciones estalinistas del comunismo real que ha destruido el verdadero sindicalismo revolucionario en Europa con las injerencias rusas. Estas últimas semanas de vida de la experiencia republicana Bombacci está al lado de los que aún creen posible una solución de compromiso con el enemigo y así evitar la ruina del país. Leal hasta el final se quedará con Mussolini aún cuando todo ya definitivamente esté perdido, proféticamente habla de ello a sus obreros en una de sus últimas apariciones públicas, el 14 de marzo de 1945:

“Hermanos de fe y de lucha... yo no he renegado a mis ideales por los cuales he luchado y por los que, si Dios me concede de vivir aún más, lucharé siempre. Pero ahora me encuentro en las filas de los colores que militan en la República Social Italiana, y he venido otra vez porque ahora que sí va en serio y es verdaderamente decisivo reivindicar los derechos de los obreros...”

Nicola Bombacci, siempre fiel, siempre sereno, acompañará a Mussolini en su último y dramático viaje hasta la muerte. El 25 de abril está en Milán. El relato de Vittorio Mussolini, hijo del Duce, de su último encuentro con su padre, a quien le acompañaba Bombacci, nos muestra la entereza de éste:

“Pensé en el destino de este hombre, un verdadero apóstol del proletariado, un tiempo enemigo acérrimo del fascismo y ahora al lado de mi padre, sin ningún cargo ni prebenda, fiel a dos jefes diversos hasta la muerte. Su calma me sirvió de consuelo.”

Poco después, tras haberse Mussolini separado de la columna de sus últimos fieles para ahorrarles tener que compartir su destino, Bombacci es detenido por un grupo de partisanos comunistas junto a un grupo de jerarcas fascistas. La mañana del 28 de abril era colocado contra el paredón en Dongo, al norte del país, a su lado Barracu, un valeroso excombatiente, mutilado de guerra; Pavolini, el poeta-secretario del partido; Valerio Zerbino, un intelectual; Coppola, otro pensador. Todos gritan ante el pelotón que los asesina “¡Viva Italia!” mientras y no deja de ser una paradoja, fiel reflejo de la controvertida personalidad de Nicola Bombacci, que éste, mientras caía su cuerpo acribillado por las balas de los comunistas, gritase: “¡Viva el Socialismo!”

domingo, 1 de marzo de 2015

Cogestión pública de la mediana y gran empresa en el estado nacionalista

1. ¿Qué es?
    
La autogestión obrera es un modo de organización empresarial en el que la dirección y la gestión de cada empresa recae sobre sus trabajadores. La cogestión es una fórmula en la que los trabajadores se hacen cargo parcialmente de  tal dirección y gestión, conservando el capital la otra parte de tales funciones. Lo que aquí se propone es una cogestión pública para la mediana y gran empresa, pues el control de cada empresa recaería en sus trabajadores, pero también en representantes del estado nacionalista elegidos para ese fin (no en el capital, pues es evidente que en un estado auténticamente nacionalista no tiene cabida la propiedad privada de la mediana y gran empresa).
    
2. ¿Por qué la cogestión pública?
    
Hay tres razones.

Por un lado, es una cuestión de principio. Sin socialismo no hay nacionalismo, o mejor, todo estado nacionalista debe incluir en su formación el principio socialista. En caso contrario, no habrá Volksgemeinschaft, sino lucha de cada cual en pos de intereses muy particulares. La mera titularidad pública de la mediana y gran empresa no garantiza principio socialista alguno, sino estatismo. Hay que introducir el principio socialista en los fundamentos productivos de la nación. La cogestión pública obrera sirve a ello.
    
Por otro, es una política que ayuda a conservar el poder nacionalista del gobierno y del propio estado. Hay varias razones económicas por las que la producción y/o distribución de determinados bienes y servicios no puede realizarse sino por empresas de tamaño mediano o grande. Además, dado el actual nivel de conciencia del pueblo, el desarrollo del estado nacionalista no ha de oponerse a la presencia de la iniciativa privada en aquellas actividades productivas que pueden ser realizadas a pequeña escala. Un ejemplo perfecto de ello es la pequeña propiedad campesina, sostenida a base del trabajo del propietario y de su familia. Otros serían el pequeño comercio, o pequeños talleres artesanos. Cuando la actividad económica, por razones de escala, requiere de empresas de mediano o gran tamaño, permitir que siga operando la iniciativa privada se contrapone al correcto desarrollo del estado nacionalista. Estas empresas privadas dejadas a su libre desenvolvimiento se convierten en entidades de gran poder, que se desborda y, conservando su naturaleza económica, devienen también poderes sociales y políticos. Ante esta situación el estado nacionalista se halla amenazado por  unos intereses privados que desvirtúan su esencia nacionalista.
    
¿Qué es una mediana empresa? En nuestro ámbito, convencionalmente se caracteriza a una empresa como mediana en función de tres variables: número de empleados, facturación anual y activos totales que reúnen. El criterio tradicionalmente más sólido resulta ser el número de empleados y aquí una mediana empresa es aquella que tiene entre 50 y 250 empleados. Pero este es un criterio imperfecto; la hegemonía liberal ha traído la lacra de la externalización, lo cual significa que una empresa puede tener nominalmente un número de trabajadores bastante inferior al de aquellos que trabajan efectivamente en ella y/o para ella en exclusiva. Un estado nacionalista debe considerar como mediana empresa aquella con más de 10 empleados. Hay a quién una empresa semejante puede no parecer muy grande, pero empresas de ese tamaño en el contexto de una pequeña localidad pueden fácilmente ser “entidades de gran poder, que se desborda y, conservando su naturaleza económica, devienen también poderes sociales y políticos”. El estado nacionalista debe nacionalizar cualquier empresa de más de 10 empleados. Ese es el límite que tal estado debe permitir a la iniciativa privada. Evidentemente, para evitar el fraude en esto, ningún individuo puede ser propietario de más de una empresa y ésta ha de tener un número no superior a los 10 empleados. Y tampoco puede ser un individuo propietario de una empresa a cuenta de otro.
    
Por tanto, la cogestión pública de la mediana y gran empresa es positivaper se, pero también por el efecto de conservación del poder político que tiene, a diferencia del estado actual de cosas, en el que el poder político no es un auténtico poder y es subsidiario de determinados intereses económicos (aparecen así en Europa los gobiernos de ocupación, que sustituyen a los antiguos gobiernos de base nacional).
     
El tercer motivo es que la cogestión pública puede ayudar a plantear y llevar a cabo de una forma ordenada y justa el necesario cambio de modelo económico. El capitalismo es un sistema económico muy despilfarrador de recursos, como materias primas escasas y energía. Muchas mercancías se producen sin existir una necesidad real de ellas, siendo esta necesidad artificialmente creada mediante la propaganda económica o publicidad. Un estado nacionalista debe orientar la producción de una manera racional y siempre en función de las necesidades reales de la nación, campo que incluye la industria armamentística, la investigación sobre energía y la conquista espacial.
    
3. Ejemplos históricos

Autogestión yugoslava1
    
En la empresa yugoslava se distinguen dos poderes, uno de gestión, que fija la política de la empresa, y que reside en los consejos obreros y, sobre todo, en las asambleas de personal, y otro de dirección, que ejecuta la política fijada por el primero, y que reside en el personal directivo.
    
La asamblea de personal adopta las principales decisiones de política general. El consejo obrero, integrado por los trabajadores elegidos por el personal del centro en votación secreta, supervisa y hace gestión ordinaria y elige al personal directivo.
    
A partir de 1974 se instituyeron las llamadas “organizaciones básicas de trabajo asociado”, compuestas por unidades de producción y gestión definidas y de menor tamaño que la empresa, como un taller o un departamento. Son los sujetos básicos de la autogestión.
    
Hay bastante polémica acerca del éxito o del fracaso de este sistema, si se compara con otros de inspiración comunista. Sí ha servido para combatir la organización tiránica típica tanto de la empresa privada capitalista como de la empresa estatal comunista, así como para mejorar la educación de los trabajadores. Los conflictos no han desaparecido, como era fácil prever y existe ambigüedad con respecto a la eficacia organizativa de este modelo, a pesar del evidente desarrollo económico experimentado.
    
Codeterminación en la República Federal de Alemania2
    

Las primeras industrias en acceder a la codeterminación, a través de dos leyes, una de 1951 y otra de 1956, fueron las minera y metalúrgica, algo conocido como el modelo de la “Montan-Mitbestimmung”. Es el modelo de codeterminación que llegó más lejos en Alemania Occidental y, por lo tanto, el que más nos interesa aquí (la Ley de Codeterminación de 1976, para empresas de más de 2.000 empleados excepto las mineras y metalúrgicas, tiene mucho menor alcance). Se materializa en la participación de los trabajadores en dos instituciones. Por un lado, en el consejo de administración, que es un órgano de control, y en el que representantes obreros (miembros del consejo de empresa así como sindicalistas) y representantes de los accionistas tienen el mismo número de miembros, rompiendo el empate un miembro en principio no vinculado a ninguna de las dos partes y considerado neutral. Por otro, en la dirección de la empresa, elegida por el consejo de administración, y en la que se crea la figura del director de trabajo, ocupado de la gestión del personal y de los asuntos sociales, y que necesita obligatoriamente de la confianza de los trabajadores.
    
Este modelo refuta la afirmación de que la cogestión no puede ser rentable. 
    
República Social Italiana
    
En el Manifiesto de Verona, aprobado por el congreso del Partido Fascista Republicano en el congreso celebrado en dicha ciudad el 14 de noviembre de 1943, se acuerda poner en marcha la cogestión obrera de las empresas, además de otras medidas tendentes a transformar el estado en socialista. El punto 12 es el destinado a la cogestión y dice así:
    
«En toda empresa (industrial, privada, paraestatal y estatal) las representaciones de técnicos y operarios cooperarán íntimamente, por medio del conocimiento directo de su gestión, en la tarea de fijar salarios equitativos, así como en la justa distribución de las ganancias entre el fondo de reserva, beneficio al capital accionista y participación de los obreros en dichas ganancias.
    
En algunas empresas, esto podrá implantarse concediendo más amplias prerrogativas a las actuales Comisiones de fábrica. En otros casos, sustituyendo los Consejos de Administración por Consejos de empresa compuestos de técnicos y operarios y de un representante del Estado. Finalmente, también puede efectuarse mediante una cooperativa parasindical».
    
Los puntos 10 y 11, por su parte, sirven de base para la socialización de grandes empresas privadas.
    

Lo importante es que esto se llevó a la práctica. Según Norling: «Esta política nacional-revolucionaria podría haber quedado en mera especulación ideológica o de efectos propagandísticos pero el gobierno fascista republicano inmediatamente se pone en acción. El 13 de enero de 1944, unos meses después del congreso de Verona, se promulga la ley de bases previa a la ley de socialización. “Premisa fundamental para la creación de la nueva estructura de la economía italiana”, que se materializa en el decreto ley de la socialización aprobado por el Consejo de Ministros el 12 de febrero de ese mismo año. En esta ley se recogen principios como la cogestión de las empresas, nacionalización de aquellas que se requieran para el desarrollo de la economía nacional, reparto de beneficios, etc.»3. El decreto ley comienza con la cogestión, al que dedica los 29 primeros artículos. A partir del artículo 30 y hasta el 41 trata de la nacionalización de las empresas privadas. Este artículo 30 dice así: «La propiedad de empresas que comprendan sectores básicos para la independencia política y económica del país, así como aquellas que suministren materias primas, energía y servicios indispensables al normal desarrollo de la vida social, puede ser asumida por el Estado según las normas del presente decreto. Cuando la empresa sea considerada de actividades productivas diversas, el Estado puede asumir tan sólo una parte de la propiedad de dicha empresa. Por lo demás, el estado puede participar en el capital de las empresas privadas». Los artículos 42 hasta el 45, con el que concluye, hablan del reparto de beneficios. 
    
A pesar de la oposición de la burguesía italiana y del ejército alemán, el 22 de enero de 1945 se logra socializar la importante empresa FIAT. A partir del 1 de febrero la socialización se extiende a otras empresas. La derrota fascista ante la alianza de las fuerzas de ocupación anglonorteamericanas y los marxistas italianos pone fin a la socialización fascista y las empresas vuelven a manos de la burguesía.
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(1) J. Castillo, “La experiencia de autogestión yugoslava” en José Félix Tezanos: La democratización del trabajo. Sistema, Madrid, 1987.
(2) Hans-Werner Franz, “La codeterminación en la República Federal de Alemania” en José Félix Tezanos: La democratización del trabajo. Sistema, Madrid, 1987.
(3) Erik Norling. Fascismo revolucionario. Ediciones Nueva República, Barcelona, 2010, pág. 54.