- Circulo de Estudios Tercerposicionistas
Desde CET no tenemos por qué suscribir en su totalidad el contenido compartido, pero consideramos que es de interés didáctico.

domingo, 8 de marzo de 2015

¿Qué significa ser nacionalrevolucionario?, de Jürgen Schwab.



Armin Mohler definió a los “nacional revolucionarios” como uno de los cinco grupos principales de una revolución conservadora[1] que sin embargo ni tan siquiera tuvo lugar con ese nombre en su origen. En su tiempo, el término usado fue el de “nuevos nacionalistas”[2], que fue substituido por Armin Mohler precisamente por lo inoportuno de dicho término en el período de la posguerra y del proceso de desnazificación en Alemania. Pero los nacional revolucionarios de los años veinte y treinta probablemente hubieran protestado con fuerza si a alguien se le hubiera ocurrido definirles como “revolucionarios conservadores” en su tiempo.

Partiendo de los prototipos históricos, ¿Qué significa actualmente ser “nacional revolucionario”?

Fundamentalmente, los denominados nacional revolucionarios parecen ir desde la premisa de que ante una determinada situación política, el bien colectivo del pueblo sólo puede ser salvado cuando una revolución supera la situación reinante y la invierte. Un comportamiento revolucionario consiste básicamente en la voluntad de cambiar una relación de poderes. Por “relación de poderes”[3] no entendemos al partido político o la personalidad de turno en la función competente del Estado, sino a la totalidad del sistema en sí.

Un auténtico nacional revolucionario, que no haya instrumentalizado el concepto de nacional revolucionario como marca de diseño “chic”, no puede ser nunca leal al orden político que exista, sea cual sea éste. En el momento en que así lo hiciera dejaría automáticamente de ser “revolucionario”.

Esto tampoco tendría ninguna importancia, pues “revolucionario” no es ninguna meta en sí. En un Estado que fuera útil a los intereses colectivos del pueblo, un nacional revolucionario dejaría de tener sentido y, abandonando su hábito de revolucionario, se integraría en la sociedad como un ciudadano más. Es aquí donde queda claro que la definición de “nacional revolucionario” no puede de ningún modo existir sin estar ligado a una teoría política. La cuestión sobre el estado en la época de la ausencia de un Estado nacional y soberano, es el punto angular de todo nacionalrevolucionario.

Pero si el motivo del nacionalrevolucionario se centrara exclusivamente en el cambio de la relación de poderes, entonces todo lo que se enfrentara al sistema de gobierno actual quedaría incluido en su definición. Una democracia directa, un sistema feudal medieval, un gobierno aristocrático, una dictadura comunista o una dictadura nacionalsocialista podrían ser, entre muchas otras, consideradas como tal. Además, una dictadura de partido único sin más, incluso una que fuera nacionalsocialista, sería en la actualidad, ya que vivimos en una dictadura multipartidista, únicamente una alternativa ilusoria frente al sistema liberal capitalista que actualmente existe, ya que únicamente sustituiríamos a una dictadura plural por otra singular. Si dependiera del autor de estas líneas, el Estado Nacional ideal sería aquel que estuviera fundamentado a partir de una mezcla de elementos democráticos, aristocráticos, presidencialistas y gremiales[4].

“Revolución Nacional” e Idea del Estado vienen por lo tanto juntos. No existe revolución sin una clara idea de aquello que se desea alcanzar. El nacional revolucionario alemán más conocido, Ernst Niekisch, fue por ejemplo un abogado del Estado Nacional (Prusiano). Ya en 1918, antes de que la Primera Guerra Mundial finalizara, Niekisch, en su artículo “el Pueblo alemán y su Estado” diría que “el destino del Estado es el destino del pueblo[5]”.

Niekisch fundamente esto a partir de la lógica de la historia alemana (y compartida de un modo u otro por todos los pueblos de la tierra) en la que él ve una dialéctica entre lo particular y lo universal, entre lo individual, esencial, particular y limitado y lo general, colectivo, informe y global del “alma alemana”. Una dialéctica que para él era la que mantenía la historia del pueblo alemán en movimiento.

Entre el individualismo liberal y el universalismo cristiano romano no pudieron los alemanes encontrar su Estado por mucho tiempo – hasta que Prusia cambió este hecho. Entonces pudo por fin Alemania, atravesar la idea de Estado prusiano, encontrar por un tiempo su justo lugar entre las grandes potencias mundiales. Esto es importante, ya que según las enseñanzas de Niekisch, los Estados se comportan como “individuos vivientes” en la esfera internacional, “ellos actúan igual que seres orgánicos que persiguen objetivos, que tratan con los que les rodean, que sufren un destino y que desean un reconocimiento”, en los que la única ley válida es la “voluntad vital” de cada uno de ellos.

Actualmente hay anarquistas que consideran que el Estado Nacional es cosa de la burguesía desde el siglo XIX. Frente a ello, Niekisch ya dijo clara en el 1925 en la  revista socialdemócrata “Firn” la conexión que, tanto entonces como actualmente, existe entre la idea de protección colectiva del Estado y los intereses socialistas del trabajador. En su obra “El camino del trabajador hacia el Estado” exigió al SPD (los socialdemócratas) que encarnara el espíritu de resistencia del pueblo alemán frente al “imperialismo occidental”. Aquello significó la renuncia a la doctrina marxista del Estado de clases y el retorno a Lassalle: O caer en la insignificancia de negar la idea del Estado o apostar claramente por hacer de él el órgano más hábil y óptimo posible. En este sentido los nacional revolucionarios sólo deberían dar la vuelta al lema socialista de “compañero apátrida”, el cual además es actualmente aliado inconsciente del Gran Capital en su intención de eliminar Estados y patrias para convertirse en fuerza incontestable en un “mundo global”. Ya Niekisch vio que la idea del Estado había sido traicionada tanto por las élites conservadoras como por la burguesía liberal y es por ello que él asignó al proletariado la labor de construir el verdadero Estado alemán. En su obra “El espacio político de la resistencia alemana” escribió: “Desde 1918 en Alemania las cosas llevan hacia un punto en el que las necesidades vitales del Estado caen en irreconciliable contradicción con las necesidades vitales de la sociedad burguesa, y en el que uno ya sólo puede escoger por el Estado o por la sociedad burguesa. Desde entonces sólo existen los burgueses o los alemanes, la idea de un burgués alemán se ha convertido en una contradicción sin esperanza. Una política burguesa alemana es fundamentalmente imposible; ella tendría necesariamente que traicionar a Alemania. Sobre los principios de la autoconservación, el burgués alemán tiene que ser paneuropeo; para poder seguir existiendo, la burguesía alemana debe incorporar a Alemania en Paneuropa. Sociedad burguesa, cultura occidental y tratado de Versalles son, desde 1918, distintos rostros de un mismo hecho: la esclavización de Alemania y el saqueo tributario de su pueblo. Una política alemana que quiera ser justa con las necesidades vitales de su pueblo sólo puede ser antiburguesa, anticapitalista y antioccidental; si no es así, entonces seguiremos siempre en manos de Francia”.

Uno sólo tendría que cambiar Versalles por Maastrich, Paneuropa por Unión Europea y Francia por Estados Unidos y Niekisch seguiría siendo tan actual como entonces. Y del mismo modo que también es actualidad su posición sobre el Estado en la época de la Globalización, que no es otra que la del proceso de eliminación del Estado Nacional. Todo lo demás, todo aquello que por extensión viene unido a la globalización, no son más que consecuencias de ello. La explotación abusiva del ecosistema, la pobreza social, el imperialismo económico y cultural de Estados Unidos y la incoherente lucha global partisana contra ello significan una sola cosa: La incapacidad de los Estados Nacionales frente a los abusos de la Pax Americana. Quien realmente quiera ayudar a los pueblos en su lucha contra el imperialismo americano, deberá abogar por Estados que se puedan defender por lo económico, mediante aranceles ante la economía globalizada y por lo militar, cuando como consecuencia quiera el “Tio Sam” romper la puerta mientras diga “democracia y derechos humanos” pero de hecho piense “apertura de mercados y materias primas”.

En su obra de 1925 “Política revolucionaria”,Ernst Niekisch pensó que “la política alemana, si quiere ser por un lado alemana y por el otro política, no puede tener ninguna otra meta que no sea la recuperación de la verdadera independencia alemana, la liberación de las ataduras impuestas y la reconquista de su lugar en el Mundo”. Esta “recuperación de la independencia alemana” es instruida a partir de la idea del Estado. Así lo expresaría Niekisch en 1931 en su composición “La ley de Postdam” por la “idea dominante prusiana”, la cual contenía para él las reglas de orden para Alemania. En este sentido, el estado soberano es en la actualidad el polo opuesto a la globalización. Donde el bien colectivo – por delante de todo el del estado social y medioambiental – tiene su lugar, donde cada vez más izquierdistas críticos antiglobalización, como el sociólogo Pierre Bourdieu, acaban llegando.

El que actualmente niega el Estado Nacional de un modo total ha renunciado a la auténtica autodeterminación de los pueblos como meta política y se ha abandonado al torbellino de la globalización. Simples adhesiones a cuestiones como la “democracia directa”, “regionalismo”, “autodeterminación” y “justicia social” – siempre tras el lema de “pensamiento global, acción local” – no cambian absolutamente nada, bien al contrario. Si sirve para algo, es únicamente para tranquilizar a una conciencia que en esencia es conformista con el sistema. Quien no cuestione o ponga en duda desde la base mas fundamental que al actual sistema, de incapacitación mundial de los pueblos como estados, es que en realidad ya pertenece a la realidad de la América global, sus “valores occidentales” y a su cada vez mas monopolizadora civilización mundial.

Precisamente la democracia directa en la comunidad según el principio de subsidiareidad y regional, tal y como exigen los teóricos desde Alain de Benoist hasta Henning Eichberg, no podrían realizarse sin estos representantes y sus instituciones (Estados Nacionales). El tamaño de un Estado no tiene ninguna importancia: si todos los franceses desean seguir siendo franceses o si los bretones, vascos o corsos desean separarse de ellos y constituir sus propios Estados Nacionales no modifica en absoluto este principio del Estado Nacional. Quien señale a esto como regionalismo, discrimina semánticamente el nacionalismo legítimo de los pueblos oprimidos y traiciona el principio más básico de todo de “un pueblo – un Estado”.

¿Qué temas y qué cuestiones sociales pueden tener una mayor importancia en los intereses generales del Estado? Por encima de todo el bienestar del pueblo y la protección medioambiental – los cuales sólo pueden encontrar su verdadera garantía bajo la organización del Estado. En una sociedad meramente liberal, en cambio, quedaron fuera de sus “cuentas de mercado” una protección de la ecología y, mucho menos, una protección social del ciudadano. Ambos caerían víctimas de su espiral de explotación. Ellos sólo tendrían un espacio no ordenado, dependiente de la caridad, no del automatismo de una ordenación y en ello equivalente a la protección de un mendigo que depende de los 5 euros que le pueda dar como limosna alguna señora después de haber comprado en los grandes almacenes de moda.

Sólo el Estado Nacional es el antídoto contra globalización. Una “buena” y “justa” globalización, como siempre repiten los  “antiglobalización”, es una quimera. Es por ello que deberíamos rechazar todas esas alternativas ilusorias y seductoramente de moda: Cuestiones como “democracia directa” y “regionalismo” en el contexto del “anarquismo” son un cuento de hadas. En el marco actual, contra la política local y regional subsidiaria en el marco nacional y regional subsidiario en el marco del Estado Nacional no hay absolutamente nada que objetar. Una supuesta respuesta a él desde la “base multicolor” es una contradicción solo explicable en su instrumentalización como punta de lanza contra el Estado en aras a una mejor implantación del fenómeno de la globalización del Gran Capital. La promesa de la autodeterminación de los pueblos en el marco de la supresión del Estado Nacional y soberano es un fraude. En este aspecto, nosotros deberíamos tomar siempre en el sentido de Niekisch, nuestra resistencia contra la americanización global y de la imposición de un liberalismo capitalista creciente en la determinación por constituir un Estado alemán nacional y soberano.


[1] Armin Mohler. Die Konservative Revolution in Deutschland 1918-1932.
[2] Wolfgang Herrmann. Der neue Nationalismus und seine Literatur.
[3] DT. Herrschaftsverhältisse.
[4] Berufsständisch es una palabra para la que la única traducción que he encontrado es “gremial”, pero esta es incorrecta. El berufständische Ordnung (orden “gremial”) es un tipo de gobierno desarrollado por un teólogo llamado Johannes Messner que al parecer significaría la superación de la sociedad de clases planteada por el marxismo. Del libro de Jürgen Schwab: Volksstaat stalt Weltherrschaft. Das Volk- Mab aller Dinge. Hohenrain-Verlag, Tübingen 2002.
[5] Zitiert nach Friedrich Kabermann: Widerstand und Entscheidung eines deutschen Revolutionärs. Leben und Denken von Ernst Niekisch. Verlag Siegfried Bublies. Koblenz 1993, S.42.

domingo, 1 de marzo de 2015

Cogestión pública de la mediana y gran empresa en el estado nacionalista

1. ¿Qué es?
    
La autogestión obrera es un modo de organización empresarial en el que la dirección y la gestión de cada empresa recae sobre sus trabajadores. La cogestión es una fórmula en la que los trabajadores se hacen cargo parcialmente de  tal dirección y gestión, conservando el capital la otra parte de tales funciones. Lo que aquí se propone es una cogestión pública para la mediana y gran empresa, pues el control de cada empresa recaería en sus trabajadores, pero también en representantes del estado nacionalista elegidos para ese fin (no en el capital, pues es evidente que en un estado auténticamente nacionalista no tiene cabida la propiedad privada de la mediana y gran empresa).
    
2. ¿Por qué la cogestión pública?
    
Hay tres razones.

Por un lado, es una cuestión de principioSin socialismo no hay nacionalismo, o mejor, todo estado nacionalista debe incluir en su formación el principio socialista. En caso contrario, no habrá Volksgemeinschaft, sino lucha de cada cual en pos de intereses muy particulares. La mera titularidad pública de la mediana y gran empresa no garantiza principio socialista alguno, sino estatismo. Hay que introducir el principio socialista en los fundamentos productivos de la nación. La cogestión pública obrera sirve a ello.
    
Por otro, es una política que ayuda a conservar el poder nacionalista del gobierno y del propio estado. Hay varias razones económicas por las que la producción y/o distribución de determinados bienes y servicios no puede realizarse sino por empresas de tamaño mediano o grande. Además, dado el actual nivel de conciencia del pueblo, el desarrollo del estado nacionalista no ha de oponerse a la presencia de la iniciativa privada en aquellas actividades productivas que pueden ser realizadas a pequeña escala. Un ejemplo perfecto de ello es la pequeña propiedad campesina, sostenida a base del trabajo del propietario y de su familia. Otros serían el pequeño comercio, o pequeños talleres artesanos. Cuando la actividad económica, por razones de escala, requiere de empresas de mediano o gran tamaño, permitir que siga operando la iniciativa privada se contrapone al correcto desarrollo del estado nacionalista. Estas empresas privadas dejadas a su libre desenvolvimiento se convierten en entidades de gran poder, que se desborda y, conservando su naturaleza económica, devienen también poderes sociales y políticos. Ante esta situación el estado nacionalista se halla amenazado por  unos intereses privados que desvirtúan su esencia nacionalista.
    
¿Qué es una mediana empresa? En nuestro ámbito, convencionalmente se caracteriza a una empresa como mediana en función de tres variables: número de empleados, facturación anual y activos totales que reúnen. El criterio tradicionalmente más sólido resulta ser el número de empleados y aquí una mediana empresa es aquella que tiene entre 50 y 250 empleados. Pero este es un criterio imperfecto; la hegemonía liberal ha traído la lacra de la externalización, lo cual significa que una empresa puede tener nominalmente un número de trabajadores bastante inferior al de aquellos que trabajan efectivamente en ella y/o para ella en exclusiva. Un estado nacionalista debe considerar como mediana empresa aquella con más de 10 empleados. Hay a quién una empresa semejante puede no parecer muy grande, pero empresas de ese tamaño en el contexto de una pequeña localidad pueden fácilmente ser “entidades de gran poder, que se desborda y, conservando su naturaleza económica, devienen también poderes sociales y políticos”. El estado nacionalista debe nacionalizar cualquier empresa de más de 10 empleados. Ese es el límite que tal estado debe permitir a la iniciativa privada. Evidentemente, para evitar el fraude en esto, ningún individuo puede ser propietario de más de una empresa y ésta ha de tener un número no superior a los 10 empleados. Y tampoco puede ser un individuo propietario de una empresa a cuenta de otro.
    
Por tanto, la cogestión pública de la mediana y gran empresa es positivaper se, pero también por el efecto de conservación del poder político que tiene, a diferencia del estado actual de cosas, en el que el poder político no es un auténtico poder y es subsidiario de determinados intereses económicos (aparecen así en Europa los gobiernos de ocupación, que sustituyen a los antiguos gobiernos de base nacional).
     
El tercer motivo es que la cogestión pública puede ayudar a plantear y llevar a cabo de una forma ordenada y justa el necesario cambio de modelo económico. El capitalismo es un sistema económico muy despilfarrador de recursos, como materias primas escasas y energía. Muchas mercancías se producen sin existir una necesidad real de ellas, siendo esta necesidad artificialmente creada mediante la propaganda económica o publicidad. Un estado nacionalista debe orientar la producción de una manera racional y siempre en función de las necesidades reales de la nación, campo que incluye la industria armamentística, la investigación sobre energía y la conquista espacial.
    
3. Ejemplos históricos

Autogestión yugoslava1
    
En la empresa yugoslava se distinguen dos poderes, uno de gestión, que fija la política de la empresa, y que reside en los consejos obreros y, sobre todo, en las asambleas de personal, y otro de dirección, que ejecuta la política fijada por el primero, y que reside en el personal directivo.
    
La asamblea de personal adopta las principales decisiones de política general. El consejo obrero, integrado por los trabajadores elegidos por el personal del centro en votación secreta, supervisa y hace gestión ordinaria y elige al personal directivo.
    
A partir de 1974 se instituyeron las llamadas “organizaciones básicas de trabajo asociado”, compuestas por unidades de producción y gestión definidas y de menor tamaño que la empresa, como un taller o un departamento. Son los sujetos básicos de la autogestión.
    
Hay bastante polémica acerca del éxito o del fracaso de este sistema, si se compara con otros de inspiración comunista. Sí ha servido para combatir la organización tiránica típica tanto de la empresa privada capitalista como de la empresa estatal comunista, así como para mejorar la educación de los trabajadores. Los conflictos no han desaparecido, como era fácil prever y existe ambigüedad con respecto a la eficacia organizativa de este modelo, a pesar del evidente desarrollo económico experimentado.
    
Codeterminación en la República Federal de Alemania2
    

Las primeras industrias en acceder a la codeterminación, a través de dos leyes, una de 1951 y otra de 1956, fueron las minera y metalúrgica, algo conocido como el modelo de la “Montan-Mitbestimmung”. Es el modelo de codeterminación que llegó más lejos en Alemania Occidental y, por lo tanto, el que más nos interesa aquí (la Ley de Codeterminación de 1976, para empresas de más de 2.000 empleados excepto las mineras y metalúrgicas, tiene mucho menor alcance). Se materializa en la participación de los trabajadores en dos instituciones. Por un lado, en el consejo de administración, que es un órgano de control, y en el que representantes obreros (miembros del consejo de empresa así como sindicalistas) y representantes de los accionistas tienen el mismo número de miembros, rompiendo el empate un miembro en principio no vinculado a ninguna de las dos partes y considerado neutral. Por otro, en la dirección de la empresa, elegida por el consejo de administración, y en la que se crea la figura del director de trabajo, ocupado de la gestión del personal y de los asuntos sociales, y que necesita obligatoriamente de la confianza de los trabajadores.
    
Este modelo refuta la afirmación de que la cogestión no puede ser rentable. 
    
República Social Italiana
    
En el Manifiesto de Verona, aprobado por el congreso del Partido Fascista Republicano en el congreso celebrado en dicha ciudad el 14 de noviembre de 1943, se acuerda poner en marcha la cogestión obrera de las empresas, además de otras medidas tendentes a transformar el estado en socialista. El punto 12 es el destinado a la cogestión y dice así:
    
«En toda empresa (industrial, privada, paraestatal y estatal) las representaciones de técnicos y operarios cooperarán íntimamente, por medio del conocimiento directo de su gestión, en la tarea de fijar salarios equitativos, así como en la justa distribución de las ganancias entre el fondo de reserva, beneficio al capital accionista y participación de los obreros en dichas ganancias.
    
En algunas empresas, esto podrá implantarse concediendo más amplias prerrogativas a las actuales Comisiones de fábrica. En otros casos, sustituyendo los Consejos de Administración por Consejos de empresa compuestos de técnicos y operarios y de un representante del Estado. Finalmente, también puede efectuarse mediante una cooperativa parasindical».
    
Los puntos 10 y 11, por su parte, sirven de base para la socialización de grandes empresas privadas.
    

Lo importante es que esto se llevó a la práctica. Según Norling: «Esta política nacional-revolucionaria podría haber quedado en mera especulación ideológica o de efectos propagandísticos pero el gobierno fascista republicano inmediatamente se pone en acción. El 13 de enero de 1944, unos meses después del congreso de Verona, se promulga la ley de bases previa a la ley de socialización. “Premisa fundamental para la creación de la nueva estructura de la economía italiana”, que se materializa en el decreto ley de la socialización aprobado por el Consejo de Ministros el 12 de febrero de ese mismo año. En esta ley se recogen principios como la cogestión de las empresas, nacionalización de aquellas que se requieran para el desarrollo de la economía nacional, reparto de beneficios, etc.»3. El decreto ley comienza con la cogestión, al que dedica los 29 primeros artículos. A partir del artículo 30 y hasta el 41 trata de la nacionalización de las empresas privadas. Este artículo 30 dice así: «La propiedad de empresas que comprendan sectores básicos para la independencia política y económica del país, así como aquellas que suministren materias primas, energía y servicios indispensables al normal desarrollo de la vida social, puede ser asumida por el Estado según las normas del presente decreto. Cuando la empresa sea considerada de actividades productivas diversas, el Estado puede asumir tan sólo una parte de la propiedad de dicha empresa. Por lo demás, el estado puede participar en el capital de las empresas privadas». Los artículos 42 hasta el 45, con el que concluye, hablan del reparto de beneficios. 
    
A pesar de la oposición de la burguesía italiana y del ejército alemán, el 22 de enero de 1945 se logra socializar la importante empresa FIAT. A partir del 1 de febrero la socialización se extiende a otras empresas. La derrota fascista ante la alianza de las fuerzas de ocupación anglonorteamericanas y los marxistas italianos pone fin a la socialización fascista y las empresas vuelven a manos de la burguesía.
____   
(1) J. Castillo, “La experiencia de autogestión yugoslava” en José Félix Tezanos: La democratización del trabajo. Sistema, Madrid, 1987.
(2) Hans-Werner Franz, “La codeterminación en la República Federal de Alemania” en José Félix Tezanos: La democratización del trabajo. Sistema, Madrid, 1987.
(3) Erik Norling. Fascismo revolucionario. Ediciones Nueva República, Barcelona, 2010, pág. 54.